Un año atrás por estas fechas, nuestros amigos Los Castro nos llevaban a ver águilas calvas al Misisipi. Asistimos primero a una charla y después salimos a buscarlas surcando el cielo o entre el enramado que flanquea ambas orillas.

 

Durante el invierno se celebran acontecimientos similares a lo largo del vasto recorrido que dibuja el río por la geografía norteamericana. Festivales de Jazz con nombre de rapaz, charlas didácticas, tours en minibus y otros. Divisar águilas es, definitivamente, un pasatiempo popular entre los norteamericanos.

 

A primera hora de la mañana el cielo está limpio y claro. Sopla una brisa fría. El hielo que meses atrás cubriera el río, se derrite ahora en finas placas. 

Cuando llego encuentro a Dave en la terraza del Pearl City Station mirando a través de un monocular. Dave Bakke es un naturalista que trabaja para el Centro de Conservación del área del Misisipi. En abril vendrá a mi colegio y haremos algunas excursiones por el pueblo para hablarle a los alumnos de aves y árboles.

Prismáticos en mano, doy con un grupo de águilas en la orilla de en frente, en el estado de Illinois. Mientras tanto, Dave y los primeros asistentes se van acomodando dentro, donde la temperatura es más agradable.

Me giro y descubro, para mi sorpresa, un ejemplar adulto a unos cien metros, posado en lo alto de un árbol. Para tener una visión más detallada hago uso del monocular, ahora libre. La magnificación golpea los sentidos. Puedo ver cómo el águila, despreocupada, se acicala peinando cada pluma con el pico. Gira la cabeza y consigo adentrarme sus pupilas celestes rastereando el agua.  

Trato de llamar su atención moviendo los brazos como si fueran alas para porderla, así, ver de frente. No funciona. Después imito el chillido de la rapaz. Algunos asistentes en el salón se tornan hacia mí con gesto de desconcierto. 

Mmmm… Sé que me está escuchando, pero hace como si nada. Es tiempo para el plan B -pienso para mis adentros.

Abro una lata de atún que llevo conmigo y la dejo sobre la barandilla. No podrá resistirse.

Al cabo de un rato mira de reojo y vuela hasta el otro extremo de la terraza. Se aproxima dando saltitos torpemente.  Ya a la altura de la la lata, hinca el pico en ella de sopetón. Al acercarme se sobresalta batiendo las alas y retrocediendo. Pero al poco vuelve a arrimarse con precaución.

Saco la grabadora del bolsillo de mi abrigo lentamente, y la dejo funcionando junto a una segunda lata de pescado. Si logro que se gane mi confianza tendré una buena entrevista. Pero sé bien que no son infundados sus temores. Durante décadas han sido disparadas por diversión. El uso de pesticidas, como el DDT, envenaron el pescado que compone su dieta básica, haciéndonos temer por su futuro. Hoy, gracias a los esfuerzos conservacionistas la población ha crecido sobremanera y los anidamientos en Iowa son cada vez más frecuentes.    

- Ven bonita. Ven, que esto también es para ti. Cuéntanos ¿Qué te trae por Iowa?

- Glup, glup, glup.. ¿Iowa? glup, glup, glup… ¿Has visto cuánto pescado hay en este ri-ri-río?

- ¡Ahá! Estás buscando pescado. Y ¿Por qué aquí y no en Canadá? Allí tienes todo lo que un águila puede desear.

- Mmm… (gira la cabeza) ¿Allá? (señalando el norte con el pico) Está to-to-todo co-co-congelado.  

- Ya veo. Esta presa parace un buen lugar para la pesca. Dime una cosa, es una duda que siempre he tenido. ¿Es cierto que las águilas tienen un buche donde almacenan la comida y pueden más tarde…

- ¡Tú-tú-tú no te me escapas ca-ca-ca-catfish! (De pronto nuestra amiga alza el vuelo desplegando su manto alado y cae en picado, garras por delante, sobre un siluro que pasa por allí)

Hasta aquí las noticias desde la ribera del Misisipi en esta mañana soleada. Les ha informado Patricio Pelícano para Los profes del maíz

* Fotos de águilas de mi compañero James Sheib, del Iowa City Bird Club.

Vover a Madrid por navidad fue definitivamente revitalizante. Me dio la oportunidad de mirar no sólo Madrid desde fuera, sino mi vida en Iowa. Entre otras decisiones ya en marcha, me propuse unirme cuanto antes a un club de ornitología y salir al campo a vivir la naturaleza de primera mano. Digo cuanto antes, porque el programa de profesores visitantes termina a los tres años y me encuentro a medio camino de viaje.

Owl prowl.

En mi área hay varios clubes a los que ya me he suscrito. La Audubon Society a orillas del Misisipi, y el Iowa City Bird Club. Llamé a estos últimos para unirme a un grupo de avistadores de búhos en una excursión titulada owl prowl (a la caza del búho). El domingo, cuando ya estaba en casa resignado, viendo la televisión de brazos cruzados porque no me habían respondido las llamadas, me llama Karen, la organizadora:

- ¿Sabes cómo llegar aquí?

- Hola… ¡Qué! ¿Nos vamos a reunir?

Faltan 15 minutos para la cita y yo estoy todavía en pijama y sin peinar. Con la emoción camino de un lado a otro y comienzan a temblarme las manos.

- Coge la 6 y después la 1 ¿sabes cómo hacer eso?

- Sí, sí, no hay problema, tengo GPS.

Afuera hay una densa niebla y está todo nevado. Conduzco entre pueblecitos y granjas que parecen esplovoreadas con azúcar glas. Por fin, me reúno con mi crew.  Tan pronto los veo ondeo mi mano efusivamente, tienen que ser ellos. De los cinco, al menos tres son retirados y otros dos tienen cerca de los cincuenta.

Al poco estoy montado en un coche con Karen, Tim y Damon. El asiento trasero está lleno de guías de pájaros y revistas de naturaleza. Damon es el primero en estrecharme la mano. Sus manos anchas y fuertes se corresponden con su oficio de fontanero. Es el experto en setas. Tim es algo más joven y vivaz. Ingeniero. Salimos de inmediato hacia algún destino que desconozco.

Allá en el suelo, allá en el cielo.

Apenas han pasado unos minutos y parece que llevo toda la vida. Los tres charlan sobre animales mientras cruzamos la autopista. De pronto Tim señala al cielo.

- Allí, allí, ¿qué es eso? - exclama con el dedo en el aire.

- Ah, sí, es un águila calva -se responde él mismo. ¿La ves?

Preciosa, se alza sobre la rama más alta de un árbol desnudo, con ese porte orgulloso que las caracteriza. Pasamos tan cerca que es difícil no apreciar su elegancia. Tim lleva los prismáticos colgando del cuello, los maneja con rapidez. Busco los míos en la mochila, y ¡Aych! Con las prisas me he traído unos primáticos estropeados que compré por $10, en lugar de mi última adquisición. Tendré que usarlos guiñando un ojo.

Mientras conversan, observo que no pierden detalle de lo que ocurre a su alrededor. Señalan a un lado y a otro constantemente, incluida la conductora. Yo miro al frente y me abrocho el cinto.

- Allí, un grupo de ciervos.

- Sí, ya los veo. Un, dos, tres, cuatro…. ¡Cinco!

- Sí, yo también los he visto.

Al rato más.

- ¡Mira! Pavos salvajes.

- Guau, un grupo numeroso.

Los pavos, negros, corpulentos, hunden sus largas patas en la nieve mientras picotean el suelo en busca de frutos caídos.

No tardarán en advertir Red tailed hawks (ratoneros de cola roja), juncos y otros sin identificar. Tim es el encargado de apuntar en su agenda las aves que van apareciendo. Se me hace rara la situación, porque esto mismo es algo que hago yo siempre que monto en coche instintivamente. Mis ojos buscan aves y árboles. Además guardo en memoria dónde fue que vi cada animal o árbol que desconocía. Cuando descubro que mis acompañantes hacen lo mismo me hace gracia, es una sensación extraña. 

  

¿Esto es birding?

Me llevan a Morse, un pueblo otrora grande y habitado, del que sólo queda un puñado de casas. Tanto es así, que nos lo pasamos de largo sin ninguno darse cuenta. Retomamos y atravesamos un caminito de tierra, aparcando junto a una granja. Un vecino del lugar llamó unos días antes diciendo que había visto un Screech owl (Búho chillón oriental) en el entorno. Abrimos las puertas del coche y Karen se queda dentro reproduciendo un cd de reclamos de aves.

A todo volúmen y después de su correspondiente presentación suena:

- -BuUuUuuUUuuUUuuUUu… Una especie chillido fantasmagórico o relincho ecuestre.

Me quedo pensando ¿Así que esto es birding? ¿Y ahora qué vamos a hacer? ¿Salimos a buscar al búho o vendrá por cuenta propia?

De inmediato, y en una dirección diferente a la estábamos mirando, se escucha:

-BuuUUuUuUuUuuUu… BuuuUuUUuUUuUuu… La misma voz repetida varias veces.

Nos miramos los unos a los otros con ojos bien abiertos. Cada uno señala donde cree que se halla el búho. Llegamos a un acuerdo y nos subimos de nuevo al coche.  Un minuto después nos bajamos y volvemos a reproducir el cd. A veces suenan varias pistas seguidas por error, y a todo volúmen, claro. Me pregunto qué pensarán los pájaros cuando eschuchan semejante sucesión de reclamos.

Parece que no responde esta vez. Lo hemos perdido.

Un vecino octogenario en camisa de cuadros y tirantes sale al porche y se queda mirándonos, no sé que dice. Karen le explica a voces que estamos buscando un búho chillón. El tipo se queda pensativo, como buscando qué decir, y vuelve a entrar en casa.    

Evergreens.

De nuevo entre las nieves, aprovecho para compartir mi afición por árboles. Les falta tiempo cambiar el rumbo de la conversación. Damon apunta hacia los cedros bajitos de color óxido que se extienden alrededor. Me mira con rostro serio.

- Juniperus virginiana. Aquí lo llamamos Red Cedar.

- Ahá -asiento mientras mis dedos buscan con rapidez en la guía que he traído.

 

Al poco aparece con una ramita del cedro y me ofrecerme sus diminutos frutos de color lila, llevándose uno a la boca. Si bien gozan de un encanto aromático innegable, su sabor me resultó tremendamente amargo y me fue difícil desprerme de él. Me muestra, asimismo, cómo la corteza del cedro se deshilacha en finas hebras que los pájaros usan para confeccionar sus nidos.  

No muy lejos se erigen unos pinos de gran porte conocidos como White pine (Pinus strobus). Las ramas saludan con los brazos abiertos, las puntas mirando al cielo, asemejándose a un candelabro judío. Hermosos. Ya de cerca, compruebo que tal y como me ha dicho Damon, tiene las hojas agrupadas en ramilletes de cinco agujas.

Lo encuentro en la guía y le doy a leer. Damon se levanta las gafas llevándose el libro a la nariz, y escudriña con ojos entreabiertos.

- Éste es.

Pasamos junto a otro pino de extraña apariencia. Las piñas son pequeñas y retorcidas. Envueltas, la mayor parte, en una costra dura y blaquecina. Damon nos revela que éstas sólo se abren ante el calor de un fuego forestal, dispersando entonces sus semillas. Con esos datos, mi guía me confirmaría que se trataba de un Jack pine (Pinus banksiana) o Pino de Jack.  

 

Oídos abiertos, pico cerrado.

En la siguiente parada vamos a ver un Long eared owl o autillo americano (Asio otus). Cuando les pregunto cómo conocen la ubicación de los búhos, me cuentan que por lo general los amigos llaman y comunican la presencia de aves por su zona con la mayor precisión posible. 

Mientras rodamos hacia el próximo lugar, escucho las narraciones de mis compañeros a cerca de los animales que han visto recientemente. Pájaros carpinteros, zorros, coyotes, tejones, musarañas… Son capaces de describirlos con detalle a partir de sus breves encuentros, así como el escenario donde tuvieron lugar.

- ¿Coyotes? Sí, claro. Vi uno en el cruce de la 78 con la circunvalación. Estaba allí parado junto a la carretera y tenía unos mechones grises en el pecho que lo distinguen claramente de un lobo. Se lo veía saludable. Ya lo creo que lo vi. 

Pasamos junto a un lago que en verano es punto de encuentro de centenares de patos, gansos y agregados. Ahora está congelado y nadie diría que hay un lago de no ser por el letrero. Aparcamos en un lugar remoto. Un bosque que se extiende al pie de la carretera. Cuando pregunto a Karen si va a poner el cd, me dice que el autillo no usa su canto en esta época del año.

Dicho esto, se adentra en el terreno sin pensárselo dos veces, desapareciendo sus pies bajo la nieve. Se la ve decidida. Allá vamos los seis hacia un pinar de altura espectacular, sorteando ramas de aquí y de allá. Mis botas están empezando a calar, pero no me atrevo a quejarme. Ni la edad ni la falta de calzado adecuado parece echarlos atrás.

Caminamos hasta donde podemos y nos detenemos frente a un amplio maizal. Los autillos son especialmente asustadizos, así que sería contraproducente que fuéramos en grupo. La estrategia consistirá en que uno se acerca a la arboleda y el ruido hará que el búho salga a campo abierto, donde lo podremos ver los demás. Parece que éste es el modus operandi apropiado para estos casos. 

Tim emprende su caminata hacia los pinos blancos en la distancia. Mientras esperamos, Damon se dedica a abrir las plantas de maíz, dejando la mazorca -ya seca, y a menudo roída- a la vista de posibles animales que pasean por la zona.

 

De pronto escuchamos un búho. 

huhú… huhú… huhú…  

Karen pregunta: ¿Está diciendo who-cooks-for-you? Así es como reconocen los anglófonos al Barred owl  o carabo norteamericano al ulular. Guardamos silencio y nos concentramos, algunos con la mano tras la oreja mueven la cabeza como si fuera un radar. Y aunque a mí me suena cerca, me aseguran que se encuentra varias millas de distancia. Lástima. La espera no da muchos más frutos. Decidimos emprender la marcha de regreso.

Nos dirigimos a otro lugar, -ya no me molesto en preguntar el nombre del pueblo- donde dicen que antaño vivió un Great horned owl (búho real). Al llegar, una carretera de tierra se despliega como un largo pasillo en el bosque de árboles deshojados.

En uno de ellos hay un agujero enorme. No hace falta mucha imaginación para visualizar una de estas rapaces nocturnas en su interior. Karen nos relata que tras años de vivir allí el búho real alguien le disparó.

- ¿Le pegaron un tiro al búho? ¿Para qué? -irrumpo con indignación.

- Alguna gente es simplemente mala.

Es posible que otra rapaz haya ocupado el lugar. Nos bajamos de coche y reproducimos el cd, cuyo sonido se extiende en todas direcciones y rebota entre los árboles. El eco es maravilloso. Aprovecho para llamar a Silvia y hacerla partícipe del momento.

A nuestra espalda hay un campo arado. De más allá todavía, parece venir el canto de un búho. Nos miramos con emoción. Asentimos con la sonrisa en la boca. Eso va a ser lo más cercano que tengamos por hoy a nuestros amigos alados. Creo que contaban con ello.

- Mmm… No es fácil ver a los búhos. -comento ante la evidencia-.

- La mayoría de las veces se los escucha más que verlos. -asegura mi compañero.

De vuelta a casa ya estoy recreándome en los sonidos, los olores, los escenarios… Es sólo el princio.


Vídeos extras:

Esto es birding.

Concurso mundial de birding.

Madrid tras año y medio en las Américas. ¿Qué será de mi ciudad?

 ¿Es cierto que faltan modales en la gente? 

¿Que el tráfico ahoga la ciudad?

¿Que no se saluda al cruzarse,

 y el último se queda sin postre?

¿Que no se conversa sino a voces

y cuanto más alto se tiene más razón?

¿Es cierto que desgastada ha perdido su color, 

engrosando el hacinamiento en cubículos de cemento?

¿Que se paga por respirar? ¿Que es un gran centro comercial?

¿Qué queda de mi ciudad?

Con el ceño fruncido y el calor del corazón me abro paso en Barajas envuelto en un achuchón. La familia: el último reducto de amor infatigable, de pasión continua, de uno mismo, de diálogo y comprensión. Un hogar es siempre un hogar. Y desde el coche, en el asiento de atrás, me sorprende el día soleado y el telón de montañas, recias y nevadas cumbres. Qué escenario de película. Pantalla grande, sí señor. 

Me sorprenden mis ojos, pendientes de los árboles que vamos dejando atrás. Los troncos surgidos del asfalto, vestigios de un bosque que hoy presume de chulo y urbanita.

De pronto no veo otra cosa. Todo son nombres que he aprendido en inglés. Ése es un sycamore, y ése otro un hackberryAspen, ash, basswood, un castaño y una acacia. Me fascina la armonía en que parecen convivir los semáforos con el pinar. No reconozco la ciudad. Y así, de a poco, me iré quitando los temores que traía en mí prendidos.

  

Además de los sobrinos, Daniela, Pablo, Diego y Sergio, ha crecido el escenario. Me rodean urracas, grandes, blancas y azuladas; y pequeños petirrojos que parecen de juguete. ¡Quién los pusiera junto al robin, su hermano americano! Cuatro veces tiene su tamaño.

    

Qué sorpresa entrar en casa y que Tico se me lance. Yo también te extrañé, mi buen amigo rabilargo. Y hete aquí que la casa está llena, allá por donde se mire, de hojas recogidas de la calle. Mi padre, que por diversión, quién sabe si con ánimo decorativo, las dispone junto al árbol navideño, desperdigadas en el patio o junto al ordenador. 

Descubo que la gente sigue hablando en la cola del supermercado. Benditos los mayores, que siempre tienen algo que decir. La ciudad está viva. Escupe ríos de gentes en todas direcciones. Hay diez comercios por persona y empleados informales que dan gratis consejos. Me hechiza la encina del metro de Vía Carpetana. La gente camina sobre un mar de bellotas, y no se para a observar que discurre bajo un árbol sin igual. 

 

Todo el mundo habla en español. Todos morenos. Qué agradables los madrileños; que si le hago una foto a éste o le indico cómo llegar. Los hay que ceden el turno, aunque sólo sea por navidad. Además, no hace frío para alguien venido de allá. La nieve se derrite entre tanta actividad.

Los amigos, tan brevemente visitados - incluso telefoneados-, también cambian, ruedan siempre hacia algún lugar. Mi barrio, Hortaleza, rezuma pueblo en sus calles, en sus gentes. Paciencia en el hablar.  

Madrid es amalgama de intranquilidad, churros con chocolate y fraternidad. Es amontonamiento e impuntualidad. Caja de Pandora que traga euros sin cesar. Música, cine, teatro… Todo lo que se pueda comprar. Coro de un millón de voces, cada cual su partitura. Resiste el paso del tiempo. Madrid no se echa atrás. Me lo pido por navidad.

¿Cuál es tu preferido?

Es éste un manzano silvestre a la puerta de mi colegio. Compañero perenne que despierta en mí la devoción.

En primavera sus pétalos se tornan pálidos, y caen al suelo dibujando un manto de blancas salpicaduras. Con el sol del mediodía o entrando el atardecer, salgo con mis alumnos a tocar la guitarra y cantar bajo su copa de aroma sutil. Se respira un perfume fresco y juvenil. Hace las delicias de todos los niños y niñas alrededor.

En verano, ya las clases acabadas, paseo a su lado en mi bicicleta. Luce una corona recia y saluda exultante en su verdor. Casi puedo verlo caminar, desenterrar sus raíces y salir a pasear. El día que lo haga no habrá quien lo detenga, marchará con paso decidido hacia algún lugar. Te echaremos de menos manzano albar.

Se lleva el otoño su cabellera, vistiendo tan solo sus frutos carmín. De intenso rubor, se antoja postre de dulces guindas en agujas ensartadas. Los zorzales pechirrojos se sirven de uno en uno y a todas horas. Los puedo ver mientras corrijo en mi clase los deberes.

No se achica en invierno, que es cuando más bravo se ve. Su cuerpo desnudo, vigoroso y retorcido, crece anudando y desanudando sus músculos en tensión. En el centro de su pecho un hondo agujero da cobijo a un grupo de aves que han hecho de él hogar estacional. Guardián y escolta de los infantes, protege la escuela del viento y la tempestad. ¡Venid a mí vientos del Canadá! -se oye su grito en la noche-  Dejad que en el colegio a mis espaldas jueguen y crezcan los niños del pueblo mío.

Durante todo el año lo toco y acaricio, tomo fotos y saludo en las mañanas antes de trabajar. Lo quiero con locura y así se lo hago llegar.

A ti, manzano que te conocí.

Snow day.

 Mañana no hay colegio. Una ventisca de nieve (blizzard) azota en estos días nuestra región. Los medios nos advierten de una inminente tormenta (winter storm) en forma de lluvia congelante (freezing rain) y sensación térmica (wind chill) de -30ºC. Mañana los colegios cerrarán, los centros comerciales cerrarán tambien. Un alto porcentaje de carreteras quedarán impracticables. Zip, me abrocho la cremallera de la chaqueta hasta el cuello y subo la calefacción. Es un buen momento para teclear en mi ordenador.

El secreto de la longevidad.

Como vegetariano convencido que soy debo cuidar mi alimentación. El otro día leí un artículo en EL PAÍS sobre una dieta que permite una larga vida de calidad. Además de comer un 30% menos de lo que habitual, aconseja la ingesta de proteínas en forma de carne, pescado, leche o -para vegetarianos- una variedad de frutos secos como el cacachuete o las nueces.

Esa misma noche saco del cajón de la cocina una bolsa que compré hace ya un mes con una rica selección de almendras, avellanas, nueces persas, pecanas y del Brasil. Pero hete aquí que en toda mi estancia mi en los EEUU, todavía no he conocido abrenueces alguno. Y no será que no lo busqué. Apunto estuve el otro día, sin ir más lejor, de comprar un muñeco nutcracker para poner fin a mi problema. Calculé, sin embargo, que cierto tipo de nueces no entrarían en su reducida boca accionada con palanca.

 

Descartado el muñeco navideño, opto por envolver los frutos secos en un trapo y estamparle el martillo después. Pero ya comprobé anteriormente que ninguna mesa, encimera, sección del suelo o pared de mi casa aguanta semejantes golpes sin retumbar la casa entera junto con la de los vecinos. Así pués, sólo queda la opción de salir al peldaño de cemento que percede la entrada principal. Allí sentado, sujeto la puerta con una mano y golpeo enérgicamente el acero contra el bulto, escuchándose un sordo ¡crack!

Apenas me incorporo sobre mis pies,  giro la cabeza y veo entrar un ratón oscuro que recorre primero el ancho y después el largo de la cocina buscando un hueco que penetrar. Y apenas unos segundos desaparece bajo la nevera. Mis ojos, todavía incrédulos, repiten el recorrido. Descalzo y alzado sobre una silla de metal acudo a Silvia, en el extremo opuesto de la casa frente al ordenador:

-Sil…. Sil….. ¡Sil!

-¡Qué pasa!

- Que acaba de entrar un ratón en la cocina.      

- Bueno, será un ratoncillo de campo. A ver, ¿dónde está?

Tras desplazar la nevera hasta el centro de la cocina y comprobar que no es posible esbullirse del lugar, decidimos que tal vez esté escondido bajo el lavaplatos. Efectivamente, el sonido de las uñas o dientes escarvado tras el embellecedor lo delatan. Unas serie de maniobras de acordonamiento del lugar y rastreo del sujeto en cuestión dan lugar a un trágico final que nadie deseaba. 

Pat-  No te preocupes, lo tengo todo planeado. Cuando el ratón salga yo le indico la dirección (señalando la puerta con el mango de la escoba).

Sil- Trae (arrebatándome la escoba), que tú no vas sacudir.

Ahora nos mira agazapado desde el lavaplatos con dos brillantes esferas negras por ojos.

- Miradme callanas. ¿Acaso no veis quien soy? ¿Sois vosotros quienes teméis a este humilde ratón?

- Mira Sil, creo que el ratón está hablando.

- Le voy a enseñar modales yo a éste.

Tras un rato de jugar al hide and seek, deslizándose el roedor por debajo del fregadero a través de estrechos conductos, decidió que tanto estrés no merecía la pena y salió a la plaza a torear. Torpe el ratón, torpes nosotros, la escoba termina por sacudirle de manera sentenciosa. Pena honda la nuestra cuando me llevo el pequeño cuerpo sin vida a la calle.

- Era una hembra (con voz apesumbrada).

- ¡Ay, calla!

Viendo la que habíamos armado, Silvia decide limpiar el entuerto agarrando el trapo que había usado yo antes, haciendo volar por la cocina un centenar de pedacitos de cáscaras y frutos secos.  

La invasión de las vaquitas voladoras.

No es la primera vez que nos vemos sorprendidos por vecinos inesperados. Como aquélla en que un murciélago me sobrevoló la cabeza en el salón de casa a media noche. Prendido de las cortinas saltaban al vacío una y otra vez dando vueltas sin hallar la salida. Tras apagar la luz y abrir la puerta para que saliera voluntariamente, enciendo la luz y me encuentro no uno, sino dos murciélagos volando en círculos por el salón.

Y es que el frío obliga a unos y otros a buscar el calor de un hogar. Así ocurre con las mariquitas (ladybugs) -o vaquitas, como las llaman mis alumnos mexicanos. Llegan por docenas y las encuentras con facilidad en las paredes del baño, enredadas en la alfombra o sobre el pantalón. 

Mariquita- ¡Sí, qué pasa! ¿sabes el frío que hace en la calle? No, claro. Qué vas a saber, tú que vives como en un invernaderadero todo el año. Lo de ahí afuera no es sano hermano. Eso te lo digo yo.

No he permitido vez alguna que se matara en mi presencia una araña, mariquita o semejante por ascos o sentido equívoco de la limpieza. Y me viene de familia. A más de un alumno le he dado un susto que no olvidará. Antes veían un insecto y lanzaban sus deportivas contra él. Ahora, cada vez que entra un grillo en clase se disputan el honor de sacarlo de vuelta al césped.

En estos días de extremo frío entiendo mejor que nunca que vengan todos hasta aquí. Me cuidaré de no dejar la puerta abierta como esta última vez; mas no les negaré un lugar en mi morada. Aunque por todos es sabido que no éste buen lugar donde invernar.

De la pecera que nos fue regalada quedan sólo un par de caracoles, estrellas de nuestro hogar. Pegados siempre al cristal me pregunto qué pensarán.

Miremos a nuestro alrededor los seres pequeños llenos de vida. Preguntémonos qué andan buscando y si está en nuestras manos facilitarles el camino, o al menos no interponernos.

Mis vecinas las ardillas se persiguen a matar cuando les sirvo un plato de maníes. Corren una tras otra por las ramas precipitándose al vacío, sus pieles heridas, enrojecidas. Y cuando sirvo pipas de girasol para el cardinal o el arrendajo, terminan siempre por hacerse con el control los gorriones, agresivos entre ellos mismos, más aún con los demás. ¿De qué manera puedo ayudar, contribuir con mis hermanos las aves, los insectos, animales del lugar? 

 El secreto de una larda vida, y de calidad, radica pues en escuchar, en observar. En saber ser uno más.

Thanksgiving o El día de acción de gracias nos regala a profes y niños una cuasi-semana de relax y desconexión. Ponemos rumbo a Florida. (Léase esdrújula: Flórida)

Florida es ese extraño apéndice colgando del extremo sur de los EEUU. Y allá abajo, hacia la punta del saliente, la cosa se pone caliente. Indecentemente caliente.

 

Noviembre toca su fin. (Can´t believe it)

Al salir del taxi que nos lleva al hotel, el calor y la humedad nos atrapan y se apoderan de nuestros cuerpos. Dejamos caer las maletas en el suelo, nos miramos el uno al otro. Esto no puede ser cierto. Lo siento en mi piel y no lo creo. Ya desfilan por Collins. st muchachas envueltas en telas transparentes y galanes morenos en camisas abiertas hasta el cuarto botón. ¿Pues no vengo yo de un pueblo allá arriba donde estos días huelen las calles a abono?

El hotel chic. Los bares cool. Las discos fashion. Las terrazas frente a la playa awesome.  Jóvenes musculosos fumando habanos ruedan descapotabes con hip-hop a todo trapo y exhiben a sus chicas glamourosas de cabellos dorados y piernas elásticas. En el aire, mezcla de perfume de guantera y sensualidad siliconada. Todo señala que… ¡Ya estamos en Miami!

Eso sí, en la ciudad del “todo reluce, oro no es” el servicio fue fetén. No faltó atención alguna, cortesía y caballerosidad. Se nos abrieron las puertas de las discos sin mayor exigencia que la del carné. Los precios en bares y restaurantes ya los quisiera uno para su humilde taberna local. Así pues, en el reino de lo sintético, el sol tostándome la cara y el mar buscándome los pies son la terapia perfecta para acallar posibles turbulencias mentales. Sucumbo al placer y me zambullo en olas color turquesa. ¡Splash!

 

 ¡Uy, uy, uy! Pues no tienen apenas conversación Laura, Estrella y Silvia. Le dan un repaso entero al cosmos y la Cosmo. Se habla, como de costumbre, desde Nietzsche a Enrique Iglesias, incluyendo esa pareja de al lado que tanto llama la atención. Descuartizamos las palabras y su significado. No hay consenso, señoría. ¿Hay mucho snob en Miami? Pongámonos introspectivos ¿Qué serías si fueras un objeto? ¿Y si fueras canción? Divagamos y nos enredamos en profusas discusiones en terrazas donde sirven cócteles tropicales.

 

Mmmmm… Días de postres voluminos y frutas exóticas que embrigan los sentidos, alejándonos de las islas Keys, paraíso natural del Caribe; las ciénagas de cocodrilos o los flamencos rosados que planean sobre reservas de animales más al interior. En nuestro paseo matutino entre cocos y palmeras, loros fosforitos sobrevuelan al personal. 

- ¡Míralo, allá!

- ¿Dónde? ¡No lo veo! 

- Allá, mira. ¿Lo ves?

-Oh, sí. ¡Qué pasada!      

 Periquitos que no han conocido jaulas y caracoles sedientos de coco. Altivos mockingbirds y grackles robando sobres de azúcar al descuido del personal. El palmeral acoge un sinfín de vida a su alrededor. Varias clases de gaviotas y sandpipers surcando las orillas. También mosquitos sanguinarios de quienes guardo incómodo recuerdo en mis tobillos rasguñados.

 

Entre los highlights de Miami, el cumple de Laura. Eso sí que es un lujo, que habría de llevarnos dos o tres días de júbilo y celebración.

También se dieron anécdotas imborrables, como aquélla en la que pedí una tarta al camarero equivocado. Repitinedo después lo mismo al camarero original, tras mostrarle cuál quería en la vidriera. Aseguré a mis compañeras que no tomaría un “ Red vervet cake” ni muerto, pues la tarta que había pedido ni era red ni era velvet. Según Laura, tampoco cake. Tras lo cual apareció el mozo con la tarta más roja que jamás habíamos visto antes, para escarnio público de mi persona, conviertindo este hecho circunstancial en un lastre con el que habré de cabalgar las praderas iowinas por largo tiempo.

 Bueno, y esto es todo. O casi todo. Sí, todo plástico y frivolidad. Pero ¿Qué esperaban de Miami?

Sol y besos.

PD: Pero no se apuren a envidiar, que la expresión cálido hogar no se aplica al estado de Iowa. A nuestro regreso, las previsiones metereológicas habrán de recibirnos con un Winter Strom watch (amenaza de tormenta de nieve) para el miércoles, además de las acumulaciones de nieve propias de este mes, y un parte de escalofrío.

 

Disfruten ahora que pueden.

Tras seis horas en dirección al norte, las embarcaciones vikingas alcanzan las gélidas tierras de Minnesota, más concretamente Minneapolis. Allí nos recibe la noche oscura colándose entre las farolas de la gran ciudad. La temperatura ha bajado diez grados y caen briznas de nieve. Nadie en la calle. Frío y viento. Pero no nos vamos a acorbardar, ¿cierto? Vikings are getting ready for the invasion.

Los tiempos han cambiado, y ahora los vikingos ya no se hospedan en rudas cabañas de piedra y madera. Nos aguarda, en su lugar, nada menos que el Hilton. Que uno también necesita un descanso de vez en cuando.

Al despertar, desde las ventanas del piso diecinueve, se vislumbra una ciudad gris, fría, desolada, definitivamente invernal. De aspecto soviético (salvando los carteles publicitarios). Nos armamos de valor y unos buenos abrigos. Odín nos acompaña silbando su canción a los cuatro vientos.   

sheet music wall Mississippi bridge Minneapolis

Qué hermoso reencuentro con nuestro fiel amigo, el Mississippi, a quien hemos conocido casi desde su nacimiento hasta su desembocadura, allá abajo en New Orleans. Una ocasión perfecta para patear a su vera en una deliciosa tarde otoñal en buena compañía. Por el camino libramos “batallas de temporada”, lanzándonos los unos a los otros puñados de hojas caídas. Debatimos cuestiones filosóficas, desde el sentido de la vida al precio de las naranjas. Estos chicos tienen conversación.  

Mississippi riverside sitting touche

 riverside smile hey

Y al caer la noche, los vikingos visten sus pieles de guerra, empuñan sus hachas y espadas y salen a rockanrrolear. Un grupo de cornudos guerreros se preparan para la invasión final. ¡Minneapolis allá vamos!

De camino los vikingos se cruzan con la Pitufina, Mario & Luigi, algunos policías y pilotos fuera de servicio, enfermeras solicitadas, Clifford el gran perro rojo, Epi y Blas, Sherlock Holmes, disco dancers setenteros,  Rednecks, Elvis Presley y una gran maraña de extraños personajes entremezclándose en la noche improvisada.

Let's get on with it! vaya dos

Las calles del centro de Minneapolis están repletas de edificios, grandes bloques de ladrillo, de los que entran y salen superhéroes, gángsters, robots, personajes de época… Definitivamente ellas son las heroínas: chicas con tacones vertiginosos y escasa ropa de disfraz se lanzan a una calle, cuyos termómetros macan los 2ºC. Creí por momentos que los dioses nos habían abandonado y no regresaríamos jamás al hotel. Muchas aceras recorridas y treinta minutos más tarde volvemos a nuestros cálidos aposentos. En la retina, quedan imágenes y momentos irrepetibes.

 let´s dance

4 jinetes Els vikings 

Por ellos, los reyes y reinas de la noche: Laura ricitos vikingos; Estrella la roja, Silvia Kinderkiavik y Rafa Wolfman. 

Y yo con estos pelos.     

Ahora que el invierno se aproxima los árboles quedan al descubierto. Esqueletos de gran talla acotando las calles, guardianes constantes del día y la noche, en el frío y el calor. En sus copas pueden verse los nidos de pájaros que un día encontraron allí un refugio donde ponerse a resguardo de las miradas ajenas.

naked nest tree hallway

Ahora que no quedan muchas hojas que ayuden a la identificación de árbol, debo centrarme en sus cortezas. Rugosas, agrietadas, estriadas, abiertas, con dibujos adiamantados, lisas, blancas, verrugosas, anilladas, despellejadas.

Betula papirífera Celtis occidentlis 

También quedan sus frutos otoñales, en forma de bola peluda, pequeñas bayas moradas, drupas brillantes y coloradas, manzanas, castañas, bellotas. Muchas bellotas. He descubierto que sólo en mi pueblo hay muchos tipos de robles. Gracias a la silueta del árbol, forma y color de las hojas, y esas simpáticas bellotas de formas dispares, hemos conocido en clase esta semana al Shumard Oak (Quercus shumardii), Pin Oak (Quercus palustris) y Black Oak (Quercus velutina) entre otros.        

pin oak acorns bellotas robles oak acorns

Conocer un árbol es acariciar su corteza, palpar sus hojas, deslizarlas entre los dedos. Visitarlo a menudo a lo largo del año. A su familia también. Llevarse algunas hojas caídas a casa y compararlas con ilustraciones, con otras hojas. Manotear sus frutos, y semillas. Probarlos. Oler sus flores, la madera. Fotografiarlo a cada estación. Conocer quién lo habita y come de él.

  Acer saccharum autumn scene

Si demuestras interés y fidelidad tal vez te convide a una manzana u otra fruta dulce; una castaña, una bellota, unas almedras o un puñado de pistachos. Puede también que te ofreza algo que leer, un revista o un libro de poesía. Un lápiz y una silla en la que sentarte. Te cobijará y pondrá a resguardo del sol, brindándote una sombra fresca. Toma un lienzo y píntalo en su esplendor.  

Acer rubrum red maple red maple leaves

El suelo bajo tus pies se mantendrá firme en tanto hunda en él sus raíces. Y en las noches de frío intenso a la intemperie, el fuego hecho de su leña te dará calor. Te dará una casa, un hogar. Aire que respirar, llenando de vida tu cuerpo. Se sacrificará por ti una y otra vez.

Cottonwood tree

Abrázalo, dale las gracias.

Ayer comencé una unidad que he creado para mis alumnos de 3º para que aprendan a identificar hojas. Les di unas fotocopias con las siluetas de los árboles más comunes en nuestro pueblo.  Hoy mismo ya han traído y clasificado un gran número de hojas de robles, arces, fresnos, almeces, sauces, catalpas, acacias, tilos, álamos, ginkgos, etc.

Qué emoción cuando los he visto entrar con sus bolsas de plástico llenas de hojas, escudriñando las formas para hacerlas encajar en el molde correcto. Han traído una gran variedad. Algunas todavía pendiente de clasificación. ¡Me están haciendo estudiar estos niños!

01 clasificación en clase02 clasificación en clase

Pues bien, llevo ya mucho tiempo consultando guías de árboles y había una hoja que me llamaba muchísimo la atención por su forma singular. Hoy una alumna la ha traído y no me lo podía creer. La miraba con mis ojos incrédulos. ¡Dónde la has encontrado! ¡Ya pensaba que no existía! - En mi casa -respondió con una sonrisilla-.

Rápidamente le doy una de las guías: Encuentra esta hoja, a ver de qué árbol es. En apenas unos segundos, se forma un corrillo alrededor y varios dedos señalan el mismo dibujo.

YELLOW POPLAR/ÁLAMO AMARILLO.

 Liriodendron tulipifera

Es un Yellow poplar (Liriodendron tulipifera) o tulípero americano. Su hoja tiene un diseño mágico, endiablado, ingenioso. Pertenece a uno de los árboles más grandes de este país, superando los 50 metros de altura.  En primavera sus flores despiertan, preciosas, semejantes a las del tulipán.

¡Gracias amiga! Hoy he tomado prestada tu hoja para ofrecérsela aquí a todos los curiosos lectores.

HACKBERRY/ALMEZ AMERICANO.

Algunas hojas resultan de difícil clasificación si no van acompañadas de la corteza del árbol, el fruto o las semillas. Tal era el caso de unas hojas de superficie áspera, forma lanceolada, ligeramente aserradas que traían algunos niños. Ya antes las había encontrado en el patio escolar, llevándome hasta un árbol de corteza verrugosa que lo hace único. Las hojas alternas apuntaban al elm/olmo. Pero unas atractivas bayas moradas descartaron rápidamente esa opción. 

hackberry leaf hoja almez Celtis occidentalis berry

Las pistas reunidas me llevaron a un artículo online. Un señor describía un árbol de similares características. Dicho señor se preguntaba el origen de unas extrañas protuberancias en el reverso de las hojas del hackberry de su jardín.

Al día siguiente cuidando el patio, una alumna mía me trae la misma hoja con las mismas protuberancias que había visto el día anterior. No cabía duda. No cabía en mí de la emoción. Era un Hackberry (Celtis occidentalis) o almez americano, cuya hoja es verde en época de calor; amarilla en otoño; y negra tras varios días en el suelo.

En otoño suelen caer presa de un minúsculo insecto volador que deja a sus retoños adheridos a las hojas bebiendo del riego de la savia.

la hora del recreo hackberry gall psyllid

hackberry warty bark hackberry bark 

Por suerte para el almez, se trata sólo de algo así como el acné juvenil. Y a nosotros nos ha servido para incluir una especie más en nuestras pequeña exposición escolar.

Éstas son las primeras imágenes de la exposición en el pasillo de la escuela. Queremos que otras clases se unan al proyecto y formemos una gran pared otoñal que no la derribe el viento.

exposición escolar

Mis alumnos de 3º ya saben distinguir las hojas expuestas. Ahora es tu turno. Aquí tienes 7 hojas de árboles diferentes. ¿Sabrías reconocerlos? Envía tus respuestas al apartado de comentarios. ¡Suerte!

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Con la llegado del otoño, los días se acortan y proliferan las noches estrelladas. Arrecian fríos vientos venidos del norte. En nuestro caso Canadá. Brillan las estrellas por simpatía sobre las copas de los árboles, ya metidos en sus pijamas color carmín, magenta, violeta, naranja, ocre y castaño. Sus hojas apenas respiran luz y su savia transita lenta de la raíz a las más altas ramas, de las ramas a la raíz. En consecuencia, la usencia de clorofila da lugar a la aparición de otros pigmentos de colores antes ocultos, que hacen su particular gala en esta época del año.

Fall Colors in Iowa

MAPLE/ARCE.

No cabe duda que entre los más populares árboles de Estados Unidos, el arce y el roble tienen su merecido prestigio. Y así, múltiples arces se exhiben a cada instante, caprichosos, imprevisibes, llamativos.

El Black maple (Acer nigrum) seduce con sus formas redondeadas, recortadas con suavidad. Como un pequeño fantasma o una cometa dispuesta para volar.

Black maple (Acer nigrum) black maple (acer nigrum) (5)

La hoja del Norway maple (Acer platanoides) es una estrella rechoncha, de cuerpo ancho coronada por tres almenas. En verano luce verde o morada, dependiendo de la variedad. En otoño, es imprevisible. La variedad del árbol, la acidez del suelo y la cantidad de sol que recibe dejan su color final en manos de la casualidad. ¿Cuál es tu favorito?

 Normay maple (acer platanoides) ShwedleriNorway maple (acer platanoides) FallNorway maple Fall (acer platanoides)norway maple fall

De los arces, el Red maple (Acer rubrum) es tal vez más pequeño. Cuco, elegante, más bien bajito y de corteza lisa. Siempre luciendo nuevo. Las hojas también pequeñas, con tres puntas que se balancean sobre una base curvada. Chic.

Red Maple (Acer rubrum) red maple (acer rubrum) (2) red maple (13) 

Otras veces se estila con camisa larga y mangas cortas. Siempre dentada y con tres puntas.

red maple (12) 

red maple fallred maple fall (3)

La hoja del Silver maple (Acer saccharinum) bien pudiera ser tropical. En su forma palmeada encuentro un rápido parecido con la hoja de la marihuana. El otoño torna su color verde en naranja, rojo o amarillo. Se lo conoce como silver maple, porque sus hojas a menudo sacan matices plateados, castaños. Muy débiles, si lo comparamos con las intensidad desatada en estos días de calvicie foliar.

Silver maple (Acer saccharinum)Silver maple (acer saccharinum) 2   silver maple fall (4)

silver maple fall (2) silver maple fall (3) silver maple fall

Son, como se aprecia, estilizados, sus ramas apuntan al cielo y definitivamente más altos que los red maples. Estos ejemplares son jóvenes. Sin embargo, en su edad adulta desarrollan una corteza muy característica, con espacios rosados entre sus grietas que lo hacen fácilmente reconocible en la distancia. Además de unos anillos formados alrededor del árbol o en la unión de las ramas con el tronco. Arriba en las fotos tres “silver“, dos en la Elementary school y otro en la Middle.  

 Y el más popular de los arces en este país. El Sugar maple (Acer saccharum), del cual se extrae el riquísimo jarabe de arce por medio de un grifo insertado en su tronco y varios días de lento goteo, es estrella sin igual del otoño. En primer lugar por el número de árboles en cada calle de cada pueblo, y por la familiaridad icónica de su hoja. Por ejemplo, en la bandera de Canadá.

De forma estrellada, con tres picos grandes y dos pequeños, y a menudo con una punta curvada a modo de capirote. Son árboles robustos, densamente poblados. Cuerpo ancho y fuerte. La copa peinada al estilo afro suele desteñir por partes. Así se pueden encontrar tonos diferentes salpicando el mismo árbol. Son la sensación de la temporada.

sugar maple fall (4) Sugar maple fall

 Se dintiguen también sus hojas por la simetría equilibrada que tienen. Cada “corona” perfectamente definida y separada la contigua, a diferencia del Norway maple, donde están casi unidas estas coronas

RED OAKS/ROBLES ROJOS.

Aquí también son, por supuesto, muy populares los robles. Árboles vigorosos, señoriales. Comenzando por el que tengo en la puerta de mi casa, el Northern red oak (Quercus rubra) tiene una hoja en la que podríamos dibujar una cabeza, unos brazos y unas piernas. Sí, a veces dos pares de piernas. Y es que en total pueden tener de 7 a 9 salientes.

El fruto, cómo no, una bellota del tamaño de una canica. Aunque de sabor amarga, es postre de las ardillas. Aunque no pareen suficientes, pues gustan de acercarse a mi puerta atraídas por el olor de las pipas y cacahuetes que tengo almacenadas. ¡Descaradas!

Northern Red Oak (quercus rubra) Nonthern red oak fall Northern Red Oak (Q rubra)

Hacia el final del verano, las hermosas hojas verdes comienzan a mancharse de puntos de aspecto enfermizo. No hay que preocuparse. Se trata del lento proceso de decoloración.

Otro roble, éste conocido como Shumard Oak (Quercus shumardii) se torna de un rojo chillón cuando la mayoría de los árboles ya han perdido sus hojas. Qué pasión desatada. Éste, en el porche de una casa junto a mi colegio.

Quercus rubra (1) quercus rubra

La hoja del Pin oak (Quercus palustris) es muy parecida. Aunque sensiblemente más delgada y suele tener menos salientes. En los álboles jóvenes su silueta es piramidal, similar a un pino. De adulto, las ramas bajas son largas y apuntan al suelo, y conforme van subiendo se acortan y apuntan hacia la cima. Una vez se reconoce uno, no se olvida.

 Pine oak Quecus palustris Autumn

pine oak - quercus palustrispine oak (2)pine oak (3)

También tenemos el modelo en rojo, pero en estos momentos están agotadas las existencias. Serán informados cuando nuevos ejemplares sean localizados y clasificados. También convendrá citar en próximas ocasiones a los white oaks, de hoja ancha, igualmente populares y atractivos.

WHITE OAKS/ROBLES BLANCOS.

Sus hojas se diferencian por sus bordes lisos y redondeados en lugar de espigados. Aquí les presento el Swamp White Oak (Quercus bicolor). Lo descubrí a través de mis alumnos al traerme una hoja a clase. Después he tenido el placer de conocerlo en persona. Recientemente en Minneapolis (Minnesota) comprobé lo populares que son en la ciudad otros como el Bur Oak (Quercus marcrocalpa) y el White oak (Quercus alba).

Swamp White Oak (Quercus bicolor) Swamp White Oak (Quercus bicolor) (2)

 ASH/FRESNO

Otro de mis favoritos es el fresno. Los más comunes son el Green ash (Fraxinus pennsylvanica) cuyas hojas amarillean en otoño. Y White ash (Fraxinus americana) que combinan diferentes gamas de color púrpura y amarillo. Un árbol muy glamuroso. El más dificil, por cierto, de reconocer de los hasta ahora mencionados. No basta una hoja simple, sino un tallo y las hojas a él adheridas (hoja compuesta normalmente de 7 a 9). La clave está en las semillas, finas y largas, como racimos de pequeñas plumas.

green ash (Fraxinus pennsylvanica)  white ash (fraxinus americana) (3)white ash leaf

White ash (2)

Hasta aquí un breve poema escrito sobre las hojas de los arces, robles y fresnos. Todos los aquí aparecidos, son vecinos de mi pueblo, West Liberty. Soy, en mi condición humana, susceptible de errar en mi identificación. Pese a que no han sido pocos los quebraderos de cabeza ni las consultas de libros varios y guías online que he precisado para este reconocimiento. Aprovecho para recomendar el uso de varias guías para contrastar. Hay quien prefiere dibujos; yo prefiero fotos reales de gran tamaño en las que se aprecie la corteza, la hoja, forma del árbol, semillas, frutos.

Mi favorito:

Identifying trees. An all-seasonal guide to eastern North America. (Michael D.Williams).

Otros:

National Audubon Society. Field guide to trees. Eastern region. (fotos)

National Geographic. Field guide to the trees of North America. (dibujos)

Online:

Tree Enciclopedia. , USDA Plants DatabaseVideo about maplesOaks, Native trees and plants.

Dedicado a mi familia: A mi padre, amante de las plantas, sabe cómo cuidarlas a cada momento. A mi madre, sensible a la belleza de la naturaleza. A mis hermanos y extensiones conyugales, biólogos todos, casi, casi de nacimiento.

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