Bienvenue au Sénégal. Tierra hospitalaria donde se ríe ” mostrando los 32 dientes”, como solía bromear nuestro amigo Sam, un senegalés muy ocurrente de la etnia peul.

Semana santa, 2007.

Dakar: Welcome to the jungle.

Nuestro primer día en Dakar amanece en la planta más alta de un hotel. El cielo es luminoso y los milanos negros planean sobre la ciudad, dándole un aspecto salvaje. Desde la ventana se atisba una calle que comunica le recinto del hotel con la urbe. Los turistas se lanzan al mogollón vestidos como de exploradores, con gorro, camisa y shorts. Los senegaleses son, sin embargo, tan informales… Caminan siempre como si estuvieran bailando. Muchos pasan las horas muertas sentados en la acera sin nada que hacer. El desempleo está a la orden del día.

Calle en Dakar

Es hora de pasar a la acción, cerrarmos las cortinas y bajamos a la calle. El contraste es fuerte. Nada más salir, los que antes permanecían  sentados, ahora se aproximan y se ofrecen como guías locales, o venden gafas, cuadros, estatuillas, con mucha insistencia.  Como son muy directos y cordiales, en seguida me veo charlando con alguno que, sin saber cómo, me ha liado. Así que desde el principio, con toda nuestra amabilidad, dijimos que no a todo el que se acercaba. Y así, a zancadas y con la cabeza gacha salimos disparados por las calles de la capital.

Las calles están repletas de gente, y evitar a los vendedores y deslizarse entre los ruidosos coches y la multitud se convierte en todo un arte.

Dakar calle

En medio del caos, en una de esas conversaciones que surgen en cuestión de segundos, nos dice un vendedor ambulante: ” Aquí matamos el tiempo y en Europa el tiempo mata la gente”. Jeje, puede ser.

De pronto nos detenemos y observamos. Nosotros pasando tantos apuros, y los franceses paseándose con total tranquilidad por la avenida principal, parándose a mirar los comercios y charlando de la mano. Están como en casa, saben cómo moverse. Y es que resulta que Senegal es un destino turístico muy típico para los franceses. Viajan de vacaciones en familia, niños incluídos, a hoteles caros y hermosas playas. Una especie de paraísos artificiales herencia del pasado colonial.

En fin, de la entrada en Senegal nos llama la atención que todo lo referente a urbanismo está a medio hacer; que las calles están repletas de gente, pues es aquí donde transcurre la vida del país. Niños, adultos y ancianos pasan el día en la calle, charlando a la entrada de sus casas, de compras, paseando, jugando a las damas con los amigos o en algún futbolín ocasional. Son abiertos y sociales.

futbol�n

También nos llamó la atención lo altos que son, y la belleza de sus cuerpos, de hombres y mujeres. Ellos tan estilizados; ellas vestidas con hermosas telas de colores, esbeltas y sinuosas.

mujer con niño en Goree

De Dakar nos embarcamos hacia la vecina Isla de Gorée.

En un barquito llegamos a la soleada y maravillosa islita. Enseguido se quedo uno prendado del lugar. Las casas, cada una de un color; las mujeres visten telas deslumbrantes con elegancia, no importa su edad, irradian sensualidad y vitalidad.

Goree casas

A veces aprovechan este magnetismo que causan sobre el recién llegado para acercarse él, presentarse con una sonrisa e invitarle a tomas unas pastas… para terminar visitando su tienda. Todo con mucha educación, y por supuesto, mucha sensualidad.

Goree mujer

Así es Gorée nada más llegar, se le van a uno los ojos hacia todos lados. Los barquitos de colores, los niños jugueteando en la playa, los puestitos de lienzos ” africanoides”, las hermosas callejuelas, algún músico ocasional tocando la kora… Parece que uno estuviera en uno de esos cuadritos africanos llenos de luz con gente divirtiéndose por todos lados.

En fin, Gorée es todo eso y es una isla que permanece en la memoria de la humanidad por haber sido el punto de partida de los esclavos hacia el Nuevo Mundo durante siglos. Allí se encuentra la ” Maison des esclaves“, con sus zulos donde se hacinaban los esclavos en condiciones miserables; mientran el el piso de arriba negociaban los portugueses, holandeses, ingleses o franceses, según la época.

Cuentan que Nelson Mandela visitó La casa de los esclavos y se encerró en una de aquellas celdas, echándose a llorar en memoria de aquellos millones de africanos arrancados de su tierra, y con el recuerdo de sus años a la sombra en Sudáfrica.

Casa de los esclavos Goree

Sin duda una isla encantadora, que además, nos dejó una marca imborrable al saber con detalle de aquellas truculentas historias.  Me hizo pensar en cuan brutos pueden llegar a ser los hombres y la necesidad de continuar manifestándonos contra las injusticas que a menudo se cometen contra el débil. ¿Quién es realmente el débil?

Regresamos a Dakar, y allí de nuevo la vida vuelve a circular informal, lenta. Tanta gente en la calle sentada sin nada que hacer. Puestos callejeros repletos de baratijas, aparatos electrónicos descuartizados, frutas y verduras. Vendedores abulantes de todo tipo de artículos, que, con una paciencia infita, pueden estar regateando contigo una o dos horas tratando de convercerte, ofreciendo todas las ofertas que se les ocurra, pues no tienen otra cosas que hacer.

Dakar calle

A la mañana siguiente partimos hacia el Lago Rosa, también llamado Retba, que debe su color a unos microorganismos que se dan en este tipo de aguas con alta concentración en sal. Los trabajadores se adentran en el lago con sus botes y golpean el fondo con unas lanzas para resquebrajar la sal acumulada en el fondo y así recogerla en montañas de sal que después se venderán en Francia a un precio veinte veces mayor, con otros tantos intermediarios por el camino. Es por ello que la esperanza de vida de los hombres en tan baja, quedando a menudo la mujer viuda con un montón de hijos a su cargo.

Lago Rosa Retba

Uno va con muchas expectativas, pero lo cierto es que deja de ser gente trabajando muy duramente de sol a sol para sobrevivir.

Caminado entre los montículos de sal me descamisé del calor que hacía, y un niño se acercó con todos los cuadritos pintados a mano que tenía, y me los ofreció a cambio de mi camiseta. No pude dársela, pues no tenía otra aparte de aquélla, y marchamos en la furgo quedando un triste poso en aquel lugar.

Cerca del lugar visitamos un poblado peul, tal y como uno imagina que es un poblado africano, con chocitas de adobe y tejados de paja. Las mujeres y niños, en ausencia de los hombres que trabajan fuera, son los únicos moradores.

Siempre hay tantos niños. A menudo llevan colgantes con la foto de sus líderes espirituales. Los senegaleses son en su mayoría musulmanes, pero aquí la religión es mucho más permisiva y relajada que en los países árabes, no hay más que ver cómo visten las mujeres. Además hay quienes beben alcohol, fuman o en general hacen una vida muy parecida a la nuestra.

niños poblado peul

Nos ponemos a jugar con los niños, que son saladísimos, y al poco tiempo estamos jugando al corro y cantando. ¡ Qué locura momentánea nos entra a todos con los niños trotando por doquier! Tocan nuestro pelo, tan diferente, se nos lanzan y se disputan el estar a nuestro lado en el corro. Ya no hay quien los controle… hasta que llega el jefe del poblado, que pone todo en orden con solo acercarse. ¡ Caray, cómo impone!

poblado senegal

Tras la intensa jornada con los niños ( no podemos evitar nuestra vena escolar), nos despedimos de nuestros amigos, que se aferran al furgón y nos damos un paseo por las dunas, sí las famosas dunas del circuito Paris-Dakar.

Ante nuestros ojos la inmensidad del desierto, oasis incluído, y alguna víbora que por allí merodea. Nos bajamos a caminar un rato y pegar botes en medio del desierto.

dunas Dakaroasis

Y del desierto, nos dimos nuestro merecido descanso con la actuación de unos músicos donde estábamos alojados. Así tuve la oportunidad de probar sus instrumentos y charlar largamente con ellos sobre sobre los músicos más populares de Senegal, Mali y Guinea (Mamadi Keita, Kissima Diabaté, Kasse Mady Diabaté…)

Kora y xalam

De izquierda a derecha: Kora con hombre y mujer tallados, pequeña kora decorativa y xalam ( léase jalam).

Djembe kora

Qué enorme placer ir por el mundo conociendo músicos, los verdaderos cultivadores de alma!!

Nuestra siguiente parada será en San Luis ( Saint Louis).

De camino hacemos una parada en medio de la nada, como suele ocurrir en cuando sales de la capital, y aprovechamos para admirar los baobabs. Las dimensiones de estos árboles son tan descomunales que es difícil imaginarlos incluso viéndolos en fotografías. Subirme a la primera rama me costó lo suyo.

baobab

En Senegal verás baobabs por doquier. Dicen que da un fruto que tiene propiedades antidiarreicas. Al parece es una maravilla cuando está poblado de hojas.

En un mercadillo pude comprar un saco de hojas de baobab para hacer infusiones, de propiedades diuréticas. Lo suelen tomar las mujeres embaradas.

Saint Louis Senegal

Cuando llegamos a San Luis nos asustó en cierta medida el lugar. Como nos habían contado, éste era un lugar profundamente religioso y las familias suelen tener un buen montón de hijos cada una. Así que nada más entrar ves centenares de niños apelotonados en las estrechas calles vistiendo ropa raída, desclazos, con su colgante del líder espiritual al cuello, y llevan latas para pedir limosnas.

Resulta que las familias no tienen forma de alimentar a sus hijos y los encomiendan a las escuelas coránicas donde los derivan a la mendicidad. Al contrario que los niños de los poblados que parecían mejor cuidados, éstos dan mucha lástima. A menudo, es este país te llevas estas desagradables sensaciones.

Del mismo modo que tras cada sombra resplance un gran sol, al día siguiente la ciudad lucía de un modo mágico. Nos fuimos a ver las lonjas de pescados, el lugar donde hacer los botes (en España conocidos como cayucos), el mercado local… Las calles vuelven a rebosar de vida.

cayuco

mercado Saint Louis Senegal

San Luis es una ciudad de origen colonial, de gran encanto, todo es luz y color, calles pintorescas, ambiente portuario.

puerto San Louis

Grupos scouts cantan y bailan por la calle para celebrar el día de la Independencia.

Scouts San Luis

Todo está preparado para la gran fiesta, carpas con las banderas de Senegal, un mitin a celebrar…

grupo de chicas

La luz, la luz de Senegal es cegadora y multicolor ¡ Vaya lugar bonito San Luis!

Muy cerquita, en San Luis, está la Lengua de Barbarie ( Langue de Barbarie), llamada así porque es una isla con forma alargada.

Cogemos un bote, y en cuanto nos acercamos él salen un grupo de niños que cogen nuestras mochilas y las suben al bote con algarabía.

niños Langue de Barbarie

Les damos unas monedas y partimos a la islita para pasar un par de noches en unas jaimas muy majas.

En la isla reina el relax. Descubrí en las jaimas unos djembés, tambores sabar y tama (talking drum) con los que se entretenían algunos chicos del lugar. Cogí uno de esos djembés, cuya piel tensábamos al calor de las brasas. Al poco comenzaron a acompañarme los muchachos, para disfrute de las chicas que bailaban la danza del ventilador. Desde un ritmo simpático y agradable, hasta el frenesí de 7 u 8 tambores a toda velocidad repiqueteando las varas de los sabar en los contratiempos. ¡ Guau!

sabar y djembedjembés

La noche transcurre excitante hasta altas horas percusivas. Por tres días no podré cerrar los puños de lo hinchadas que están mis manos.

Llega el alba y recogemos los bártulos antes de hacernos de nuevo a la mar.

Campement Océan et Savane a Saint Louis Senegal

Dejando atrás la Langue du Barbarie regresamos a las áridas e interminables sendas por las que rodar. Carreteras en muy buenas condiciones que se adentran a veces en los poblados y que circulan sobre todo por largas zonas áridas donde disfrutar de los legendarios baobabs.

Algunos de ellos están huecos. Antiguamente los griots (casta de los músicos) enterraban allí a sus familiares. Tuvimos oportunidad de ver alguno de estos árboles llenos de huesos humanos. Pero el Gobierno prohibió esta práctica hace años. Para los griots tiene una simbología muy especial.

El interior de un baobab pueden ser tan grandes como una habitación. Allí pueden entrar hasta una decena de personas.

 

Estos enormes habitantes de buena parte de África, sólo tienen hojas en la estación de las lluvias. Viven hasta 1000 años, y algunos ejemplares alcanzan los 4000 años. Para los senegaleses tienen un significado muy especial. Según su mitología, un día Dios, en uno de sus enfados lanzó los árboles contra la tierra y los hundió del revés, ( pues a menudo parece que lo que vemos son las raíces del árbol, escondiéndose la copa bajo tierra).

 

Este ejemplar según cuentan es el más antiguo del país. Tienen más de mil años, y a su alrededor los comerciantes han levantado un mercadillo rebosante de vida.

Desde dentro de un baobab

Los pueblos de esta zona son preciosos. Muy sencillos y humildes, pero su gente los anima sobremanera. Dando vueltas por el lugar llegamos a otro mercadillo local muy animado. La vida transcurre tranquilamente, como en los pueblos, la gente se provee de víveres y telas con las que bordar sus coloridos vestidos. Una camioneta pone la música a todo lo que da a través de un megáfono para animar el sarao.

 

Nosotros también compramos telas que más tarde llevaremos a un sastre para que borde unos vestidos para las chicas del grupo y familiares que nos aguardan.

Nuestro amigo el sastre

 

Tras el mercadillo, continuamos nuestra ruta hacia un poblado tradicional. Llevamos algunos productos (como arroz y otros comestibles) que previamente compramos para ofrecerles.

Las mujeres nos dan una calurosa acogida con canciones tradicionales...

Mujeres del poblado cantando a coro

 

… y danzas.

 

Todo el mundo se anima a bailar.

Bailando avec Mariam

 

La despedida esta llena de abrazos de los niños. Son momentos muy intensos.

 

Continuando la senda visitamos otro pueblito más, con sus gentes siempre haciendo vida en la calle. Se sientan, venden víveres, charlan. Visitamos algún que otro colegio desde fuera, nuestra debilidad como maestros. Y así hacemos amigos por el camino.

Haciendo amigos

También hay algunas reservas naturales que se pueden visitar. Nosotros fuimos a la de Bandia. En estado salvaje vimos desde nuestro jeep avestruces, jirafas, monos, tortugas, cocodrilos, orix…

    

 

Por último, el día antes de regresar de nuestro viaje decidimos visitar uno de esas populares lonjas que recorren las costas de Senegal, en las que el comercio de productos del mar se parece mucho al Wall Street fianciero. Las mujeres aguardan a que sus maridos traigan la mercancía de sus botes, para rapidamente venderla allí mismo en la orilla del mar. El comercio es ajetreado, pescado, pulpo, marisco… ¡ Cuánta actividad!

Las lonjas rebosan de vida y color.

 

Cerca de allí continúa el comercio, de todo tipo. Son centenares los puestos que hay. Callejeando nos adentramos en una especie de medina o gran mercado laberíntico, completamente cubierto, con mil recovecos que explorar.

En uno de esos recovecos se encontraba esta joven costurera trabajando sin electricidad, con esas máquinas de coser que aquí nos resultan antiguas.

 

¡Qué mañana tan bien aprovechada! El Sol y el carácter de la gente siempre supone una inyección de energía. Con estas caras y momentos tan intensos en la memoria regresamos a casa, todavía con la sonrisa en los labios.

¡Volveremos Senegal!

¡Volveremos Senegal!