En primer lugar, quisiera dedicar este capítulo a mis hermanos, Marina y Rodrigo, biólogos y amantes de la naturaleza. Así como a mis sobrinos, Diego, Sergio, Pablo y Daniela, hijos de biólogos y apasionados de los bichos también. Cada vez que contemplo flora y fauna de este lugar, pienso  cómo les gustaría estar aquí, haciendo fotos y admirando las plantas y animales.

Al poco de llegar a Iowa, decidimos salir a dar una vuelta por los alrededores de nuestra casa. Iowa tiene paisajes de infinito verde. La mayor parte maizales y cultivos de soja. Amplios espacios de un verde brillante y enormes casas de madera, que parecen casitas de muñecas, muy monas, muy chic

Los dias que se esconde el Sol, esto me recuerda mucho a Irlanda. Esos paisajes bucólicos con decenas de laguitos, arboledas, y sobretodo una paz infinita. Ahhhhh…

 

Pues bien, como iba contando, salimos a pasear por los alrededores y a perdernos por una senda que circula  junto a un riachuleo, al que llaman por aquí creek. Estábamos paseando en la quietud de un bosque veranieg, cuando de pronto vemos dos animales grises del tamano de un gato, que venían hacia nosotros jugando y correteando, tirándose uno encima del otro…  Silvia y yo nos quedamos parados como estatuas, y uno de ellos pasó justo delante de nuestros pies. Cuando advirtió que había pasado junto a nuestro lado, se detuvo, unos dos metros más adelante, desconfiando de nuestras intenciones. El otro se escondía detrás, entre unos arbusto mirándonos. Entonces, pudimos verlo, se trataba nada menos que de dos castores.  

 

Jeje, que simpáticos. Tras un rato de silencio, salieron corriendo entre los arbustos.

Por cierto, durante nuestro periplo campestre me aguijonearon varios mosquitos en la cara y quedé como el jorobado de Notredame. Totalmente hinchado durante dos días. Muy desagradable.

Entre tanta naturaleza no es de extranar que haya gran variedad de animales. Y con tanto maizal, se pueden imaginar que alguno aprovecha para darse un festín. Éste, en concreto, suele acerca por las noches y se harta de mazorcas (corn), o como dicen en mi casa ” choclo”. Estoy hablando, como ya se habrá imaginado alguno, de los mapaches (raccoon).

Todavía no tuve oportunidad de verlos corretear, pero tristemente hay muchos en las carretas atropellados. Me da tanta lástima, porque son realmente preciosos.

 

También hemos oído hablar de las mofetas (skunk). El otro día, un bombero retirado contaba una de sus cómicos encuentros con una mofeta que le orinaba el coche.

Ya les conté que aquí hay un monton de charcas. En frente de la casa en la que estamos pasando nuestros primeros días, sin ir mas lejos, tiene una charca (pond) llena de ranas, sapos (toad, frog, bullfrog) y varios patos (goose). Es increíble al cantidad de ranas que hay. Al caminar por la orilla, saltan un montón de ranitas y sapos enormes, para asomar después su ojos saltones desde el centro de la charca.

  

Ya lo contaré con más detalle, pero de momento han de saber que aquí es costumbre ir varias veces a la semana a las casas de los amigos a tomar algo ( unas 200 cervezas) y charlar. La primera noche que nos invitaron a una de estas reuniones con parrila incluída, tuvimos que atravesar una pradera, para llegar a la casa que estaba literalmente, en medio del campo, con un maizal detrás. Anyway, caminado de regreso, en medio de la inmensa oscuridad del campo, comenzaron a brotar lucecitas de colores, amarillas y verdes muy intensas, como pequeñas bombillitas. Fue un momento único. Decenas de luciérnagas (lightning bugs) encendiéndose y apagándose intermitentemente como un montón de guirnaldas navideñas. Jajaja, fue espectacular.

 

Luego nos enteraríamos de aquí aparecen a menudo. Los niños suelen atraparlas en sus manos y juegan a lucir brillantes anillos. No es otra cosa que luciérnagas hembras, luciendo sus sensuales traseros para atraer a los machos. ¿ Les suena de algo?

 Otra cosa de la que nos hablaron, fue de los peligros de la conducción nocturna. Es frecuente cruzarse ciervos (deer). Cuando les pregunté por el silbato que tienen algunos coches para ahuyentar a los ciervos, se rieron a carcajadas. Una vecina se lo puso y no hacían más que aparecérsele ciervos.

La verdad que es un paraíso para los animales, que campan a sus anchas por doquier. Hay una enorme variedad de aves, algunas de colores muy llamativos, preciosas. Miles de mariposas de todos los colores, libélulas…

Resulta fácil ver conejos, tortugas del tamano de una mano, y ardillas en los jardines (yard) de la gente o comiendo fruta de los árboles. En el jardín de nuestra futura casa hoy hemos visto ardillas y conejos. Qué simpáticos. El manzano de la foto es el que está detrás de nuestra actual casa de acogida.

  

En el poco tiempo que llevamos aquí tuvimos oportunidad de deleitarnos con un ecosistema realmente atractivo, que nos ha dado para redactar el primer capitulo de la serie: Animales iowinos.