By Silvia

El martes 4 de agosto comenzó nuestro primer viajecito largo. Dos horas y media que se convirtieron en 4(¡GPS ya!), hacia la capital, Des Moines (escenario de Los puentes de Madison, lo siento chicas, Clint no andaba por ninguna parte).

    

El cochecito (lo digo en sentido emocional) se portó genial. Conducir un coche automático es como uno de juguete solo tienes freno, acelerador y volante. Además, como tiene el control de crucero, en los viajes largos solo estás pendiente del volante y como Iowa es lisa y plana hay que ponerse la música muuuy alta.

Por cierto, las emisoras de radio ponen una música buenísima, de grandes éxitos( Offspring, Greenday, AC/DC, Nirvana, Pearl Jam y demás grunge y rock de los 90) y novedades de country, jazz y soul muy chulas.

 Cuando POR FIN llegamos (después de hora y media de dar vueltas) llegamos al hotel donde teníamos el curso de orientación. Era una versión de Doctor en Alaska con ciervo incluído en la pared. Al parecer aquí se curran mucho la decoración de los hoteles haciéndolos temáticos. En este caso le tocó el turno a Alaska.

  

Nos sirvió de toma de contacto con los demás profes españoles distribuídos por la geografía iowense?. Muy práctico para desconectar del cole y hacer planes en compañía cuando empecemos la rutina.

Hemos visitado el downtown de Des Moines (palabra con la que se define el casco antiguo o centro histórico de cualquier ciudad). Tiene un Capitolio con cúpula dorada y varios edificios oficiales todos blanquitos con cierto aire a Washington DC.

Tiene pasarelas que comunican unos edificios con otros, toda la ciudad está conectada por medio de estos pasillos llamados skywalks. Hay que estar preparados cuando el frío pela (-10ºc es la media en el invierno)…

Por la noche nos fuimos a bailotear salsa, con curso y monitor incluído. Era como estar en Costa Rica o cualquier lugar del Caribe excepto en los Estados Unidos de Bush (ups!, si él lo supiera…) También daban clases de swing en el local de al lado, hay para todos los gustos..

Tuvimos oportunidad de coincidir con la Feria anual del estado de Iowa.

 

Era en un recinto a las afueras de la ciudad  al que se accedía únicamente en bus, para que luego digan que los americanos no usan transporte público. En la feria  había exposiciones de agricultura, vendían tractores (como no).

   

Y animales: ovejas, vacas, cerdos afeitados y ¡burros españoles!. También conejos, cabras y ¡un alce como el de Dr en Alaska! (elk). Al lado de cada animal te venían las características y el filete que te podías hacer con él. (muy pedagógico para unos cuantos niños que había por allí)

Y nos entró hambre. Y Pat va directo a probar la especialidad del evento, los corn dogs.  Lejos de encontrarse con una mazorca de maíz fritita, al primer mordisco se topa con una salchicha rancia rodeada de fritanga de maíz. Igual de rico que las gallinejas de San Isidro (un triunfo para el que le guste la grasa en la grasa).
Y como colofón nos enteramos de que ese mismo día había un concurso de ver quién se comía más corn dogs (uhmm…)
*
*
Para digerir la cruel hazaña entramos a una exhibición de cowgirls. Las muchachas lucían trajes de lentejuelas y mostraban sus habilidades ecuestres. Los caballos también eran los protas. Algunas le hacían la permanente, o trencitas y le ponían purpurina de colores. La gente aplaudía a sus favoritas y era emocionante verlas trotar.
*

   

Estaban todas muy bellas con sus trajes de lentejuelas y gorros countries. Muy folky la escena.

Después me comí las mejores palomitas dulces de mi vida y terminamos la noche acudiendo a un concierto country para deleite de nuestros oídos.