¿ Qué tal familia y familión de la otra orilla?

Silvia y yo cumplimos un mes en Iowa hace una semana, Yuhu!!! Un mes completísimo en el que no hemos parado de hacer cosas. Desde poner una casa, hasta preparar las clases, que aquí empezaron el 26 de agosto. Además, la gente aquí no deja de hacer cosas. Siempre hay alguna celebración, social hours, concierto, fiesta popular, partido de fútbol americano…. Total, que tenemos una vida social desorbitante.

 En cuanto al tiempo, es muy caluroso, con el añadido de que hay días en que se unen la humedad y el calor, y se crea una atmósfera pantanosa que hace que se te pegue la ropa, sudes, bebas litros y litros de agua y te sientas con la tensión baja. En fin, que nos transmutamos en caracoles de campo, para ser más claros.

La comida en los supermercados es igual que en cualquier parte del mundo globalizado. No falta aceite de girasol español, ni pasta italiana o cuscús árabe. Lo tienen todo. Aunque la gente prefiere alimentarse diariamente de pizzas y hamburguesas. Aquí es tan sencillo conducir (recuerden que los coches son automáticos), que la gente suele ir hablando por el móvil o comiéndose la hamburquesa mientras conduce. Caminar no está de moda. Suele haber, además, mucha comida mejicana, igual que en España llegó la invasión del kebab hace tiempo. Y más en nuestro pueblo, donde más de la mitad de la población es mejicana, y también guatemalteca, hondureña, salvadoreña… Así que nos hartamos a burritos de frijoles y tacos con salsa picante. Mmmm…

Por supuesto, la especialidad del lugar es el maíz/choclo, que es bien dulce y comemos a todas horas. Siempre que nos posible cocinamos alimentos sanos, y cuido mi dieta vegetariana.  

 

Pero no les vamos a engañar, cuando el hambre apremia en medio de una highway solitaria, nos zampamos una pizza grasienta y seguimos on the road. Por cierto, Silvia descubrió los marshmallows ( ¿ recuerdan la película Cazafantasmas?) para desayunar y ahora no hay quien le quite el hábito.

Para colmo, aquí todo el XXL. Sí, desde el paquete de marshmallows que Silvia nos enseña amablemente, hasta los paquetes de azúcar o harina, de 1.8 kg, las garrafas de leche o zumo de naranja (el mejor que jamás he probado), de 3,8 litros, los vasos de refrescos (interminables), la gente ( sí, muchos se echan a perder con 23 añitos, cuando se casan y empiezan a tener sus múltiples retoños), las carreteras, los coches, los horizontes (porque Iowa es ancha y llana como el pecho de un varón). Y así todo.

De ahí que, al haber tan poca densidad de población y un entorno tan rural, la gente es armonía andante. Sí amigos, la gente es encantadora, atenta hasta la extenuación, agradable, simpática, cordial. Nacen con una sonrisa en la cara y se deshacen en atenciones. Me encanta. Por ejemplo, los empleados de los comercios, cualquiera que sea, son atentos y te devuelven el cambio contándotelo delante tuyo, no sin antes preguntarte: Hola, ¿ Cómo está? ¿ Cómo le ha ido el día?  Y se despiden con un: ” Que tenga un buen día” con una gran sonrisa. Qué podemos decir, hemos ido a caer en sábanas de oro.

Nuestra familia de acogida ha sido encantadora y me llevaron a una casa de subastas (auction), bastante rural, no olvidemos, y ahí nos compramos alguna cosas para la casa.

  

Después, una vez tuvimos coche, volvimos por nuestra cuenta y disfrutamos viendo a amish, granjeros de grandes barbas, y gentes de estos pueblos creando escenas folklóricas dignas de retratar.

Así que le estamos infinitamente agradecidos a nuestra familia de acogida, colegios y estado ” de acogida”, que nos recibe con sus amplios brazos abiertos.

Por otro lado, a media hora de West Liberty, está una de las ciudades más importantes del estado, Iowa City. Es una ciudad universitaria moderna y juvenil. Con un gran núemro de asociaciones universitarias del estilo Alfa & Omega. Y por la noche salen en bandada a llenar los bares y discotecas. Dios, nunca había visto tantas y tantas rubias juntas. Con razón, a la gente le cuesta creer que Silvia sea española.

     

Solemos aprovechar los fines de semana para hacer la compra allí, ver alguna peli en el cine o salir de marcha con los amigos. Porque, podría decirse que ya tenemos algunas amistades, y salimos a bailotear y humedecer el gaznate con la variada gama de cervezas, todas ellas muy suaves, que tienen por aquí.

    

También aprovechamos para hacer nuestras pequeñas excursiones por los alrededores. Una de ellas fue hasta la frontera con Illinois, cerca de Chicago, a orillas de Misisipi. Allí está Muscatine, un pueblo con aires de Nueva Orleans, casitas de colores, árboles frondosos y ambiente cenagoso. Una maravilla.

  

Como veis no hay tiempo de aburrirse aquí. Hay mucho que ver y siempre hay algún acontecimiento que nos reclama. ¡ Caramba, qué ritmo que lleva aquí la gente! ¡ Quién lo iba a decir!