By Sil.

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Antes de empezar me gustaría agradecerle a mi querida prima Paty, pues en un principio nuestro encuentro era el motivo del viaje a la capital del Imperio. Durante el Spring break  nos descubrió “la otra cara”de Washington, su lado más intercultural y animado.

Washington D.C. es todo lo que uno se piensa que es y muchísimo más. Es una gran city con apariencia de small town. Los espacios son enormes, con grandes extensiones de parque y no hay rascacielos. Todos los edificios oficiales están concentrados en el mall, que lejos de ser un centro comercial es un espacio ideal para pasear entre los museos, ministerios, memorials. 

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El capitolio, la Casa Blanca y el Washington Monument (el gran obelisco) son los monumentos clave de la zona. Con la luz del atardecer tienen una bonita foto. Todos los edificios recuerdan al foro de las ciudades romanas con columnas dóricas de un blanco radiante.

Lincoln Memorial 

Entre la multitud de visitantes encontramos cantidad de camisetas de americanos procedentes de diferentes estados. Y nosotros no éramos menos, claro.

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Nos hemos dado cuenta que por lo que más es conocida Iowa por los americanos es por el equipo de fútbol americano de Iowa City: Los Hawkeyes.

Dejando atrás el lugar más turístico de Washington y gracias a nuestros estupendos guías, Paty, Pepe y los peques Martín y Chloe.

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Nos internamos por los barrios de la ciudad mucho más interesantes por la variedad de procedencias de sus vecinos y edificios coloniales con diferentes personalidades dependiendo del barrio donde procedan.

Nos envolvía el Barrio chino, una gran comunidad judía de practicantes ortodoxos y modernos urbanitas, sikhs de indios y pakistaníes luciendo vistosas barbas salidas de sus turbantes, afroamericanos muy cool, restaurantes de Nepal, Ghana, Turquía…

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 En la zona más bohemia de la ciudad nos encontramos con casitas de muñecas llenas de colorines que anuncian burritos mexicanos, figuras africanas o café au lait. En el popular barrio de Georgetown se asoman tiendecitas del más puro estilo british con escaparates de cristal enorme y decorados supercucos. También se ven los restaurantes y las tiendas más fashion de la city (entre ellos estaba ¡Zara! qué nivel…)

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Y contrario a lo que parezca, Washington también tiene su cara más política y crítica. Vimos una camiseta en el mismo aeropuerto que decía: I love my country, what I´m afraid of  is the government. Definitivamente, una capital muy cosmopolita con espíritu contestatario en muchos de sus barrios.

Al caer la noche los niños se van a la cama, y nosotros caminamos hasta los famosos cherry blossoms, que todo el que visita Washington D.C acude a contemplar. Cercan el río Potomac en torno al monumento a Thomas Jefferson. Cada año se celebra un desfile entre el pasillo de cerezos y todo se visten de rosa. Cuando el Sol se sumerge en el río, la luz brilla de forma especial.

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Se nos pasó el tiempo en un suspiro, pero cómo disfrutamos de este encuentro entre primas viajando cada día de Maryland a la capital. 

Para Chloe y Martín, besos y tulipanes de los de Washington DC.