Sólo un río en EEUU es más largo que el Misisipi. El río Misuri, que es un afluente del primero. Ambos discurren paralelos en su paso por Iowa. Uno describe la orilla en el este, y otro la orilla oeste. Describiendo la singular forma de este estado y creando unos bellos acantilados (cliffs).  

mapa 

El paisaje típico de Iowa es una inmensa llanura donde afloran granjas y molinos. Por ello sorprende, al embarcarse en cualquiera de estos dos titanes, las abultadas formas y los frondosos bosques que allí se dan.

Nuestro destino en esta ocasión está allá en el noreste de Iowa, en la frontera con Wisconsin. Donde la tierra se abre y desgarra para dejar paso al Misisipi. 

Misisipi

Aprovechando un puente de tres días hicimos las mochilas y rodamos hacia los Effigy Mounds. Allí alquilamos una acogedora cabaña  junto con los Castro, Laura y Montse.

Los Effigy Mounds son unos montículos funerarios con formas de animales (osos y pájaros) que hemos heredado de los nativos americanos que un día habitaron estas tierras. Para apreciar estas formas se precisa de la vista aérea. 

cabin cabaña

El parque se erige sobre el Misisipi ofreciendo unas vistas sobrecogedoras allá en los miradores. Con unos ricos sanwiches aguardándonos a la vueta, nos pateamos los senderos hacia la cima camiando entre álamos (American aspen), cerezos (Black cherry) y nogales (Black Walnut). Paseamos entre algunas plantas como la grosella (prickly gooseberry), de las que los indios comían sus frutos dulces.

No me pude resistir al encanto del nogal americano (Hyckory/carya tomentosa). La corteza de estos majestuosos árboles se despelleja, dándoles ese aspectode vestir flecos a lo largo de su estirado tronco. 

carya tomentosa carya tomentosa II fruto

Por el camino íbamos pisando unos frutos de gran tamaño, que no averiguaría de dónde venían hasta dos días después. Era, cómo no, la propia nuez del nogal americano.   

Tras varias millas de marcha rememorando tiempos pasados, alcanzamos algunos de los codiciados miradores que nos regalan unas vistas de las rugientes aguas del Misisipi, por momentos del color de cacao.

Río 

En el horizonte se levanta una bruma acuosa, y allá en el cielo un grupo de buitres (turkey vulture) vuela en círculos a gran velocidad mientras rastrea la zona en busca de algún cadáver que almorzar. Nosotros, por si las dudas, decidimos no asomarnos demasiado al precipicio. Pero eso sí, tomamos el sol repachingados por largo rato y disfrutamos de las sensacional panorámica.

Turkey vultures buitre

Por el camino de vuelta, rugiéndonos las tripas, nos topamos con par de pequeñas serpientes, (que no me atrevo a describir aquí, porque cada uno dice que era de un color diferente) y Silvia descubrió en lo alto de la copa de los árboles a un pájaro muy llamativo que abunda en los bosques húmedos, el Baltimore Oriole (Icterus galbula). Y así, a cada rato salían fogonazos y destellos de entre las alturas.

hiking icterus galbula

Ya de regreso al punto de partida recuperamos fuerzas con una comida frugal y nos lanzamos el frisbee con habilidad un poco dudosa. 

Effigy Mounds

A la entrada del centro de información encontré una reproducción de un nido de águila calva, algo difícil de ver en su ubicación original. Las águilas vuelven cada año a su nido después de las migrar y traen nuevas ramas. Así, una aguilera puede llegar a pesar 2 toneladas.    

bald eagle nest bald eagle nest II

Nuestra estancia se culminó con una fiesta bailonga en la cabaña en la que niñas y adultas crearon novedosas coreografías.

Abandonamos nuestro nido a la mañana siguiente partiendo hacia Yellow River State Forest unas millas más al norte. Allí buscaríamos una senda apropiada y nos encaminaríamos entre laberintos repletos de flores salvajes. Qué paseo tan agradable.

road Pat & Candela

Cuando de pronto, la senda que compartíamos con los caballos ocasionales se ve cortado por un pequeño arroyo. Aún bajo el riesgo de perder un pie por el frío, o de caer de sopetón por un resbalón, cruzamos, reímos y lloramos.  

creek Wild Riders

Ascendimos caminos de barro y saludamos a los jinetes que nos pasaban con facilidad. El día primaveral nos dio la mano y colaboró para hacer de éste un día de disfrute campestre.

All together  

Hasta aquí, la que ha sido la última excursión (por el momento) con los Castro y Montse, que regresan a Spain, donde otras aventuras más les aguardan. Y hablando de aventuras, seguiremos dando fe de todas las hazañas que habrán de acontecer en nuestro siempre incierto y azaroso destino.

* A walk in the woods