Definitivamente, un destino inevitable.

Unos se bajan a Marruecos, otros se bajan a México, y hay que se baja al kiosco de la esquina. Nosotros nos bajamos a Misuri, aprovechando el puente del Labor Day. Allí resplandece Kansas City, acunada y acuñada entre los estados de Kansas y Misuri. Enhebrada con trazos de Sevilla, azulejos españoles, pinturas de toros y toreros, arcos lobulados y minaretes, terrazas donde se sirven tapas al frescor de la tarde.

 que arte

¡Ole! – exclama Laura con pasión. ¡Qué arte! -añado ante tamaña muestra de españolismo en The Plaza. No imaginábamos semejante escenario en pleno centro de la ciudad. Decenas de fuentes y esculturas de sabor europeo nos envuelven en lo que nos habían asegurado no es sino un centro comercial y unas pocas tiendas alrededor. Para nuestros ojos, sin embargo, es oro todo lo que reluce.

 ¡Injusto destino! ¿Por qué no me trajiste a vivir a estas cálidas tierras de alegre ambiente popular?- Llegó a escucharse entre otros muchos comentarios que hicimos acerca de cada remate en cada edificio, cada fuente y escultura durante el paseo vespertino.

Foto aquí y foto allá. Almorzamos en una terracita y hablamos español con clientes casuales y camareros.  Una joven que habla estupendamente español había estado en Madrid y Barcelona. Los ojos una camarera resplandecían al evocar sus días de estudiante en la península. ¡Cómo nos quieren las gentes de Kansas City!

Más tarde marchamos de compras. Vestidos y camisetas, pantalones y regalos para los familiares que allá quedaron, y a quienes pronto veremos por navidad. La tarde se cierra y es hora de regresar al hotel para despedirnos, tras un fin de semana con sabor.

Pero, volvamos al principio. La noche anterior Silvia y yo aterrizábamos tras 5 horas de viaje al sur. Frente al hotel se celebra el Irish Festival con música celta. Sobre la fachada del edificio rebotan los gritos de la muchedumbre y el eco de una flauta vibrante.

En la recepción del hotel un gaitero en falda sopla su gaita. Subimos las mochilas y nos reencontramos con Laura y Estrella. – ¿Qué tal? Hola ¿Cómo estás? ¿Qué tal el verano? ¿Cuánto tiempo? ¿Sí…? ¡No me digas! ¡Fíjate! ¿Tú qué tal? Pues verás… ¡Caray cómo está el precio de los tomates!

La Plaza se anima al anochecer. Una pareja canta con voz melodiosa clásicos del soul en plena calle. El calor y la energía nocturna animan a la gente bailar. Las parejas se abrazan en románticas baladas. Se pueden ver caballos engalanados tirando de pomposas carrozas por las calles de la gran ciudad. Grupos de bomberos desperdigados entre los coches lucen fantásticas sonrisas mientras recaudan donaciones en botas de goma rebosantes de dólares.  

KANSAS CITY. “ Where the grass is green and the girls are pretty”.

Tras el aperitivo musical, tomamos rumbo al Power & Light District. Marcha, marcha, mucha marcha. Chicas de largas melenas y vestidos cortos bajan en tropel de los taxis a la entrada de este ” Mall de bares”, como describiría más tarde Estrella esta zona de ocio.

Se congrega la multitud y tras pasar la barrera de los 21 años, se adentra en el eterno discotecón de discotecas. Perfume y luces de neón. Bares con muchachas agitando sus cabellos, mostrándose sobre la pasarela. Boqueando como peces en torno a la barra, mientras el camarero reparte chorros de nata y tragos de licor. Demasiado calor.

Encontramos nuestro lugar allá a la entrada del recinto. En una pista de baile al aire libre fluye música soul y los últimos éxitos comerciales, alguna tonada country y una buena dosis de heavy rock. Uno a uno, salimos los cuatro a bailar, fundiéndonos con la algarabía, desapareciendo entre los focos y espacios sin luz. Somos reyes y reinas de la noche, parte de una gran coreografía improvisada. Sale humo de nuestros cuerpos, ahora tendidos sobre las escaleras. Nos miramos, reímos la gente y el absurdo, testigos del ocaso de la noche. Se tuerce la aguja del reloj dictándonos la vuelta al hotel.

A la mañana siguiente la guía nos recomienda visitar el histórico “City Market“, donde cada domingo se despliega un plantel de puestos de frutas y verduras. Un rastrillo de segunda mano ofrece juguetes gastados, recuerdos oxidados, blanco-negros del pasado. Cafés europeos, músicos callejeros y tiendas de curiosidades. El aroma de las especias orientales nos lleva hasta un puesto regenteado por un palestino. Sobre una mesa de varios metros de largo, se suceden enormes bolsas de brillantes colores y olores cautivadores.

especias musique du cafe

Me da 2$ de cúrcuma, 1$ de clavo entero, 2$ de cardamomo, 6 piezas de canela en rama y unas ricas hierbas para hacer un té.  Pido al mercader y él me sirve siempre una cucharada de más, brindándome una sonrisa perlada.

Es el turno de Laura, que se lleva una bolsa de pimienta blanca sin pagar. El señor simpatiza con nosotros al averiguar que somos españoles y que conocemos algunas palabras árabes. Pone su mano sobre la de Laura cerrándole el puño donde lleva el dinero. Le dice – guárdatelo.  

compras

Más contentos que unas pascuas (nunca he entendido esta expresión) cambiamos el mercado por un partido de béisbol. Al día, por cierto, siguiente hice un arroz oriental para chuparse los dedos (esta expresión sí la entiendo).

– Frío aceite con una cucharadita de cúrcuma. Echo zanahorias en finas láminas y aguardoa que cedan al calor. Ahora cebolla y el ajo picaditos. Se tiñe el lienzo de amarillo ocre. La cúrcuma huele a metal, similar a una llave en la mano guardada. Turno para las setas, que saltan de alegría mezclándose en la confusión. Formado el jugo, lista la piscina, salta el arroz a la mar. ¡Lo agito! Corto media ramita de canela, echo 4 clavos y un par de semillas de cardamomo. Sazono pimienta molida. Añado agua de a chorritos y remuevo el arroz aromático (tailandés) hasta crear un risotto sabroso.     

Por la tarde el postre. Laura llama a su media naranja, allá en España, y él nos recomienda ver el partido de equipo local contra los Ángeles. Béisbol a todo color.

baseball

Entramos al estadio de los Royals, y en poco tiempo estamos desplegados sobre las gradas animando al equipo de Kansas City. Pasa el tiempo con entretenimientos continuos en la pantalla grande del estadio. Tratamos de explicarnos las reglas de béisbol, a estas alturas, todavía confusas. Y nos pegamos una señora tarde a la americana.

Ahora sí, nos sentamos en una terracita cuasi andaluza y nos despedimos hasta el próximo encuentro, en el que concretaremos los detalles del Miami 2009: From the farm to the beach.

Giralda

*Sketches of Spain: Disco de Miles Davis donde homenajeaba con trazos o esbozos españoles las artes tradicionales de este país.