¿Cuál es tu preferido?

Es éste un manzano silvestre a la puerta de mi colegio. Compañero perenne que despierta en mí la devoción.

En primavera sus pétalos se tornan pálidos, y caen al suelo dibujando un manto de blancas salpicaduras. Con el sol del mediodía o entrando el atardecer, salgo con mis alumnos a tocar la guitarra y cantar bajo su copa de aroma sutil. Se respira un perfume fresco y juvenil. Hace las delicias de todos los niños y niñas alrededor.

En verano, ya las clases acabadas, paseo a su lado en mi bicicleta. Luce una corona recia y saluda exultante en su verdor. Casi puedo verlo caminar, desenterrar sus raíces y salir a pasear. El día que lo haga no habrá quien lo detenga, marchará con paso decidido hacia algún lugar. Te echaremos de menos manzano albar.

Se lleva el otoño su cabellera, vistiendo tan solo sus frutos carmín. De intenso rubor, se antoja postre de dulces guindas en agujas ensartadas. Los zorzales pechirrojos se sirven de uno en uno y a todas horas. Los puedo ver mientras corrijo en mi clase los deberes.

No se achica en invierno, que es cuando más bravo se ve. Su cuerpo desnudo, vigoroso y retorcido, crece anudando y desanudando sus músculos en tensión. En el centro de su pecho un hondo agujero da cobijo a un grupo de aves que han hecho de él hogar estacional. Guardián y escolta de los infantes, protege la escuela del viento y la tempestad. ¡Venid a mí vientos del Canadá! -se oye su grito en la noche-  Dejad que en el colegio a mis espaldas jueguen y crezcan los niños del pueblo mío.

Durante todo el año lo toco y acaricio, tomo fotos y saludo en las mañanas antes de trabajar. Lo quiero con locura y así se lo hago llegar.

A ti, manzano que te conocí.