By Sil.

Tres semanas en las Hawaiian Islands: Oahu, Big Island y Maui. 

 

Tan exóticas como su nombre, las islas de Hawaii nos fueron cautivando poquito a poco. Quitándonos todos los tópicos que teníamos de ellas y dejándonos llevar por sus encantos.

La isla de Oahu es un combinado de ciudad asiática llena de rascacielos,  japoneses fashion de compras (Honolulu) y selva con playas exuberantes. Lo primero que se aprecia son los enormes bloques de los hoteles de Waikiki, lugar de residencia temporal que recibe a los miles de turistas de todas partes del mundo. Detrás de la gran urbe se esconden los bosques lluviosos donde las flores de colores imposibles dejan ver sus encantos. Quién fuera mosquito!!

     

              

  

Las playas no tienen nada que envidiar a los botánicos. Sus aguas esconden peces de colores fosforitos dejándose engatusar por la comida de los corales. Cuando ya no podía más de la emoción de las playas blancas y el mar de color turquesa, todo un océano se me descubrió ante mis gafas de snorkel. Fue como entrar en un museo lleno de obras de arte, pero sin poder expresar aquel momento de vivencia estética en el que me encontraba. De vez en cuando se me escapaba la risa (glu, glu, glu…), pena no tener branquias para la ocasión… Como nuestro pez favorito de nombre ilegible sin hacer varias paradas Humuhumunukunukuapua´a. ” Humu” para los colegas, como decía una postal.

  

Para recuperar el aliento, nada como un paseíto por la playa y encontrar a las tortugotas gigantes en la orilla, agotadas de su último viaje marino, sshhh, Do not disturb!

  

  

Después partimos a la isla de Hawaii o Big Island (para no confundirla) Y más grande que será con el tiempo. Esta isla no para de crecer gracias a uno de los volcanes más activos del planeta, el volcán Kilauea, con nombre de killer por si luego es acusado de no avisar. Despide grandes ríos de lava y gases vaporosos. En uno de sus cráteres pudimos ver una gran columna de humo saliendo de forma continua. Hicimos también un trecking en otro de sus cráteres. Esta vez con lava petrificada de hace unos cuantos años…

Así se queda la lava caída directamente al mar(playa negra). Éste es el recorrido de la lava por el subsuelo, una verdadera autopista creada por montones de lava originada por una de las explosiones del Kilauea (ver foto en la cueva).

 

  

  

Además en la isla se encuentra la montaña más alta del mundo, el Mauna Kea. Eso sí, contando desde el fondo oceánico (estos americanos, siempre con sus triquiñuelas para salir ganando). Es utilizado como observatorio por los astrónomos por la claridad de sus cielos.

  

Big Island o la isla de Hawaii tiene mucho más a parte de volcanes, que en sí ya hubiera merecido la pena el viaje. Ahora toca elegir, al oeste los kilómetros de playas llenas de palmeras con arena de diferentes colores (¡Blanca, negra y verde!). Al este el paisaje cambia radicalmente y se transforma en una selva verde y frondosa con jardines botánicos y cascadas, como las Akaka Falls. Todo bañado por las aguas del Pacífico, que en invierno reniega de su nombre y da lugar a las olas más codiciadas por los amantes del surf. En verano entrenan para no perder forma.

  

  

Tuvimos la suerte de conocer a Akiko y su singular Bed & Breakfast budista. Aprendimos sobre la variedad de las gentes de la sociedad hawaiana: japoneses, filipinos y chinos  venidos a principios de siglo XX para trabajar en los campos de azúcar. Además de los hawaianos, quienes han tenido que luchar mucho con los norteamericanos para evitar perder sus tierras. Todo esto saboreando un rico desayuno con guayaba y papayas deliciosas, y el cariñoso afecto de nuestra anfitriona.

  

  

Aloha y Mahalo, Akiko!!

Disfrutamos de la misteriosa luz del atardecer de una playa de polvo blanco e inmenso océano: Hapuna Beach.

Por la noche, nada como un Mai Tai escuchando acordes de ukelele para despedir el día. Pat no se quiso quedar sin el suyo propio y se hizo con una de estas guitarritas de sonido exótico. De vez en cuando se deleita acariciando sus cuerdas, Somewhere over the rainbow…

Tocaba coger avioneta para ir a Maui, tierra de surferos por excelencia. De camino, pudimos contemplar con ojos incrédulos todo el espectáculo de playas, ríos, acantilados, selva y cráteres que Maui nos tenía preparados. Lo que en teoría era un mero viaje en avión de isla a isla se convirtió en todo un mundo de sensaciones. Uuuuauuu, so cool!

  

Más momentos playeros nos aguardaban, recreándonos la vista una y otra vez entre palmeras y cocoteros. Pero : Danger, Coconuts may drop! Estuvimos nadando en aguas termales procedentes de un volcán y revolcándonos con las olas divertidas en Napili Beach.

  

En Maui hay playas para todos los gustos y colores. Las preferidas por los surfers suelen estar en sitios remotos de difícil acceso rodeados de rocas y carteles advirtiendo de mordiscos de tiburón. (Glup!)

Pudimos contemplar cómo se inician los locales hawaianos en el arte del surf, desde pequeños, aprendiendo a observar las olas y sintiendo gran respeto al mar. Después, ¡a la tabla!

 

  

En Maui quedan restos de los antiguos templos de los polinesios, primeros habitantes de las islas. Se trata de lugares sagrados donde se celebraban ceremonias religiosas, que forman parte de la tradición y cultura autóctonas. Al parecer, algunas escuelas públicas se encargan de mantener la cultura hawaiana impartiendo clases del idioma hawaiano, clases de Hula (baile típico), ukelele y diferentes tradiciones. ¡Quién pudiera ser Profe Visitante en Hawaii!

 

   

Al este de la isla nos esperaba la mítica Road To Hana, paraíso de hippies en los 70 y actual lugar frecuentado por surfers. Con pueblos como Paia dedicados a fomentar el consumo local en sus tiendas y restaurantes de comida y productos orgánicos, comprando a las granjas de los alrededores.

The long and winding road.

Road to Hana es tan bonito como mareante, se trata de unos 100 kilómetros de bosque lluvioso con acantilado lleno de curvas en todas direcciones, con subidas y bajadas y tramos en los que hay que lidiar con el coche de en frente. Y en medio, los mejores paisajes de playa, bambú y cascadas que la naturaleza puede regalar. Todo tiene un precio y las dos veces que fuimos me cogí un mareo propio de un superviviente de barca de pedales en una tempestad en medio del océano. Entre curva y curva los rincones más espectaculares y maravillosos y la tripa y la cabeza dando vueltas de centrifugado.

  

  

Para compensar nos perdimos en el jardín botánico Kahanu Gardens (arriba), y un chapuzón en las Waimoku Falls (abajo), al final del camino.

 

Y después de toda la belleza natural tocaba palpar la luna con los dedos o por lo menos irnos a lo que más se parece a un escenario lunar en el Planeta Tierra: el Parque Nacional del volcán Haleakala a 3000 m de altura. Es el lugar escogido por los astronautas de la NASA para realizar sus pruebas.

   

Con plantas de gris metálico y cráteres de color rojo. El trecking mereció la pena, aunque a esa altura faltaba el aliento al subir. Una gran nube cubría nuestro camino pero de vez en cuando nos permitía admirar los cráteres hacia donde nos dirigíamos, haciendo el entorno más extraplanetario.

 

  

Nos llevamos un pedacito de Hawaii en nuestras vidas.

Aloha y Mahalo!!

Dedicado a nuestras familias y amig@s quien con su presencia hubieran rellenado nuestro huequito que siempre les tenemos reservado.