CHICAGO.

Tras nuestro tiempo de esparcimiento por Hawaii, y después las Black Hills y Badlands, y finalmente Yellowstone, nos quedó la coletilla del verano. Es esos últimos días de calor y los ojos todavía llenos de verdor, visitamos uno de mis favoritos, el Jardín Botánico de Chicago.  

 

Tan grande, que siempre se queda uno con la sensación de no haberlo visto entero.  Y del que nos cautivó el jardín japonés, y los pinos amarrados al suelo forzándolos a retorcerse para crecer. El jardín de los sentidos ofrece plantas aromáticas como el curry, que la vi después de decir: Mmmm… ¡Cómo huele a comida india! Los huertos y frutales albergan una gran variedad de verduras, viñedos, ciruelos y tantísmas otras ricas frutas.    

    

  

Con parada obligatoria en el Paperback maple o arce del papel, de hermosa corteza en forma de rollos de papel, proviniente de China e infiltrado a las puertas del jardín japonés.

  

Si le quitas el sonido y gradúas la luz, Chicago transcurre en blanco y negro. Calles enormes, espacios abiertos, escenarios de película.  

  

Chicago, a la que hemos bautizado como nuestro segundo hogar, se muestra siempre generosa con el forastero. La primera semana de septiembre se celebra el Festival de Blues, y aquello, en camiseta, soleado y múltiples conciertos gratuitos al aire libre… Es una invitación al disfrute por la puerta grande.  

 

Que también se torna blue. Los pentagramas, las notas, lo tiñen todo de azul.

  

MILWAUKEE.

Hacia octubre, un mes después, nos tomamos unos días libres para disfrutar del esplendor del otoño en los estados del norte. En este caso, Milwaukee, Wisconsin. Allí el verde es más rojo y anaranjado que en ningún otro lugar por estas fechas. Pateamos el downtown, y estiramos piernas a la vera del río que secciona la ciudad.

 

Mientras aguardábamos al momento nocturno caminamos por los inmensos paruqes de Milwaukee y visitamos el Museo de Arte, que bien merece la pena. Aunque pequeño, es original y guarda algunas joyas en la manga. Acabamos agotados. Y caí una vez más desplomándome a la sombra de un sauce llorón. ¡Un respiro, que no puedo más!

 

Por fin, por la noche acudimos al motivo principal de nuestra visita, el concierto de Muse, que tanto le gusta a Silvia. Salimos encantados de un concierto que dio mucha caña y alternó con alguna de las delicadas piezas de piano tan pegadizas.

   

IOWA.

Para disfrutar del hermoso otoño en el Midwest, hay que irse al campo. Y en Iowa tenemos atractivos lugares como Palisades-Kepler Park, donde el otoño se extiende cómodamente por las ramas de robles, arces, fresnos y álamos, además de otros tantos arbustos.

 

  

HOUSE ON THE ROCK. (WISCONSIN)

Uno de los templos más curiosos que existen erigido a la excentricidad, está en Wisconsin. La obra arquitectónica es sobrecogedora, pues literalmente es una house on the rock, construida en la montaña, formando ésta, parte de la propia casa. Allí vivió el pasado siglo un excéntrico millonario que sin haber salido nunca de su hogar, se trajo desde obras de arte del lejano oriente, hasta enormes casas de muñecas barrocas, colecciones de juguetes antiguos e incluso chatarra de medio mundo. La casa.museo es un compendio de objetos preciosos, horteras, extraños, y a menudo reunidos con muy mal gusto. Todo tiene aire setentero y polvoriento. También destacan las orquestas de robots. El propietario de esta mansión se reunió con un ingeniero para que hiciera que instrumentos reales fueran ejecutados por máquinas. Y funcionó. Metes unas monedas, como en una feria, y las máquinas empiezan a tocar los instrumentos. Hay pianos que tocan solos o conjuntos de cámara por todas partes. Y tú allí, en ese lugar tan grande y singular no puedes creer que aquello sea real.

 

   

Y si alguna vez van por allá no dejen pasar la oportunidad de visitar las creaciones arquitectónicas de Frank Lloyd Wright. Eligió un entorno precioso para construirse allí su casa.

IOWA TREES.

Con la llegada del otoño no podía evitar llevar a mis a alumnos de excursión a un arboretum, cerca del Mississippi, para disfrutar del cambio de colores y aprender mucho más sobre los árboles de esta zona. Por segundo año me concedieron una beca de $500 para un proyecto en torno a los árboles yel medioambiente. Qué bien lo pasamos con la ayuda del Muscatine Conservation Board, que preparó unas actividades fantásticas.  

  

HALLOWEEN.

Para Halloween nos fuimos al súper e improvisamos. Paula y Estrella se encargaron de dar forma al disfraz final. Nos hicimos con unas pelucas moradas, unos tutús, collares y gafas de sol, y se nos ocurrió que podríamos ir de la movida madrileña de los ochenta. Nadie en Iowa City lo entendió, pero eso sí, todos nos decían: I love your hair!