LAS ROCKY 5 ESTRELLAS.

Por navidades al Gran Cañón. Esta vez desde Arizona. Por favor, si tienen que elegir un viaje a los EEUU, que sea las Rocosas. Se miren por donde se miren lo tienen todo. Riscos de vértigo, cabras en las alturas, el curso del río Colorado partiendo la tierra en dos. Los buitres y los cuervos. El lince y el coyote. Reinados de pinares, abetos y ardillas comilonas. El infinito y más allá. Caminatas por las entrañas de la tierra.

Ya sea desde Montana, Idaho, Wyoming, Nevada, Colorado, Utah o Arizona. Las Rocky son lo más. Y en Arizona, que es lo que toca en este relato, se camina por el south rim, al que se asoma uno y ve la geografía resquebrajarse. Tan grande que no alcanzan la vista ni la imaginación para calibrar las distancias, el creador de se semejante brecha. Las fisuras frente a las alturas, los picos nevados, la roca muerta y el río de la vida.      

  

Pero no se me queden ahí, qe hay que adentrarse en la ecuación imposible y caminarse el sendero del Bright Angel de varias horas hacia las profundidades y el doble para volver a la superficie. Sí, por favor, interaccionen con el paisaje. Hay que mancharse de rojo barro las botas y chapotear. Echarse a un lado cuando sube un puñado de burros desbocados. Patear los recovecos, hacer el cabra un rato y otear el horizonte. Brincar de roca en roca y sentir que el paisaje te invita montarte tu propia película. Qué escenario.

  

 

El south rim ofrece al espectador asomarse al Gran Salto. Borrachera geológica, inabarcable, imposible, inacabada, irresoluble, indiscreta, intrépida. Indispensable.

SEDONA.

Y para probar las aguas del Colorado hay un par de días de caminata, o bien una visita a las agradables ciudades serranas de Flagstaff o Sedona, a una hora al sur de estas alturas.

 

  

Y esto es todo, en cuanto a la región norte de Arizona. Si desciendes hacia Phoenix, o mejor todavía, Tucson se topa uno con el desierto, llano y extenso… Donde los remolinos de paja se te cruzan continuamente y crujen bajo las ruedas del coche. Donde el calor cae como una plancha sobre la cabeza. Y saludan los cactus erguidos y bonachones, siempre cómicos. Héroes del desierto.

De Tucson nos gustó el aire moderno de la ciudad, los bares de discusión política, la estética alternativa, los carteles contra las leyes de inmigración. Tucson (léase Tusó) es definitivamente el último bastión de espíritu rebelde antes del vasto desierto de Sonora.

THE SAGUARO KINGDOM.

 

   

El desierto de Sonora viene desde México a morir en las faldas de Arizona y California. Y no muy lejos de Tucson, el gobierno ha protegido un área importante donde crece el ya mítico, cactus saguaro. El saguaro tiene un esqueleto interno que sostiene las más de 5 toneladas y 10 metros que puede alcanzar. A los 75 años empieza a desarrollar sus bracitos, que le permiten una mayor capacidad reproductiva, y pueden vivir hasta 200 años.

Visitar el Saguaro National Park en invierno tiene la ventaja de que tienes menos posibilidades de fallecer de una insolación que en verano. Pero lo ideal es en primavera (abril-junio), cuando los cactus florecen de manera espectacular. Brotan pintorescas flores que se abren al anochecer, cuando los murciélagos acuden hambrientos y polinizan los saguaros, llenándose los morros de flor en flor.

  

  

Dentro del parque ofrecen exhibiciones de halcones. Nos contaron que a veces rescatan halcones heridos, y los crian. Entre ellos unos maravillosos Harris Hawk. Otros animales cautivos, y debo decir que en espacios tristemente pequeños, son los búhos elfos, el gato montés, el puma, lobos, jabalíes y coyotes entre otros.

Poco usual es el frío que aconceció en el sureste de EEU este último diciembre. Comenzó con lluvias continuas en California y Arizona, y nos sorprendió con unos copos de nieve para perplejidad de nuestros ojos. ¿En el desierto de Sonora y nevando?  Debe ser que aquí también llega la navidad.