Un metálico banjo acelerado, una mandolina rasca que te rasca y el glissando virtuoso de un dobro cantan armoniosamente en el cd del coche. Nos dirigimos a Nashville, Tennessee, la capital mundial del country.

 

Y es que en EEUU no es tan fácil escuchar música country como uno pudiera imaginarse. Porque esos tiparrones con voces de machos y esas rubias lelas que entonan melodías empalagosas y ondean la bandera nacional en la radio a todas horas bajo la etiqueta de “country moderno”, nada tienen que ver con la verdadera música que un día nació en las Montañas Apalaches.

Al llegar al downtown de Nashville nos deslumbran las luces de la calle Broadway y sus numerosos pubs ofreciendo conciertos desde primera hora de la mañana hasta altas horas de la noche sin descanso. ¿Se imaginan lo que es eso? Termina una banda y aparece otra, algunas de ellas muy buenas. Desde reminiscencias de la música tradicional de los Apalaches, al romanticismo del Honky Tonk, increíbles guitarras o el sonido veloz del bluegrass. Todos los estilos pueden escucharse en estos bares de la calle central. Lo más popular, el country pop, que cautiva a la gran audiencia americana. Pero enseguida le echamos el ojo a un par de bares de calidad, Bluegrass Inn y Robert´s, donde disfrutamos de lo lindo con músicos que se dejaban el alma en cada canción.

 

   

Coincidiendo con nuestra semana santa la ciudad de Nashville celebró St. Patrick´s day. Los locales irlandeses se tiñen aún más de verde y sirven, cómo no, cerveza verde. En los bares de la zona este y oeste de la ciudad se celebran fiestas durante todo el día en los que tan pronto se sale de un pub se está entrando en otro. Non-stop guys!  La música en vivo no ha de faltar en ellos.

 

   

A la mañana siguiente nuestros estómagos rugientes nos llevan al Farmer´s market donde hay comidas del mundo, Grecia, India, México… Rica comida a precios populares. Además hay una tienda de comidas del mundo, que nadie con un paladar cosmopolita debiera perderse. Otro de los parques de Nashville se ofrece al esparcimiento de las gentes en torno a una réplica del Partenón ateniense. Una zona muy mona en esta época del año.

  

 

Uno de los reclamos turísticos es  el Paseo de la Fama o Country Hall of Fame. Es un museo, no un paseo de la fama al estilo L.A. Y por cierto, nos desilusionó profundamente. Especialmente porque una institución dedicada al country en Nashville debería ser un templo que honre esta música, y en su lugar este pequeño museo (que se ve en poco mas de una hora) se centra en artistas populares de los 50 y 60.

Ofrece una larga colección de vestidos y objetos personales de estos músicos (como un coche de lujo o televisores), en detrimento de los creadores del country, y los músicos contemporáneos. Apenas menciona a Dolly Parton y qué decir de Bela Fleck, Jerry Douglas, Sam Bush y tantos otros… 

Además el museo dedica la última parte a cantantes como Taylor Swift y otras estrellas del marketing que nada tienen que ver la hermosa música hillbilly.

En la calle nos aguardan músicos callejeros en todas las esquinas. No se puede escapar a la música. ¡Sí!

 

  

THE GRAND OLE OPRY RADIO SHOW.

Para terminar, nos dimos el gustazo de acudir al mítico show radiofónico “The Grand Ole Opry“. Que se emite en todo el país semanalmente y es reconocido por popularizar la música country desde 1925.

En 2010 Nashville sufrió una terrible inundación que sumergió la ciudad bajo el agua. Al ver las imágenes de cómo se encontraba la ciudad se le cae a uno el alma a los pies. Un auténtico desastre. El estudio donde se realizaba el programa se echó a perder y han tenido que crear uno nuevo. Por el programa han desfilado todos los grandes músicos del country, blues, bluegrass… y ya forma parte de la cultura popular. No cabíamos en nosotros de la emoción de poder asistir al gran auditorio, cerquita del escenario que simula ser una granja de la que aparecen estos maravillososo músicos.

  

  

La noche en concreto estuvo dedicada en parte a míticas leyendas del country, ahora octogenarios que, eso sí, siguen cantando y tocando como el tiempo no hubiera pasado.

Habíamos leído que Nashville es una de esas ciudades donde llegan músicos a probar suerte y emprender su particular viaje hacia el mundo de las discográficas y el estrellato. Y tanto es así, que nada más llegar nos cruzamos con un jovencito, guitarra a la espalda y café en mano, que caminaba por el centro mirando los letreros y asomando la cabeza en los bares tímidamente, como pidiendo permiso. Se desvaneció entre la gente cabizbajo, desapareciendo tal vez como tantos otros músicos que prueban fortuna en la gran ciudad y terminan tragados por una industria que pocas veces entiende de música. Ánimo músico, haz tu camino y deslúmbranos con tus mejores acordes.

(A man whistles a sad tune and the scene fades to black)