Desde nuestro arribo a la capital se han sucedido un viaje a Irlanda, baños isleños en Menorca y paseos por  las cumbres de Huesca y Navarra. Es en este último destino, donde hacemos una pausa para sentarnos bajo un haya otoñal a recordar a nuestros amigos de EEUU y los colores que tiñen las calles y pincelan los campos en esta época del año.

Sorpresa la nuestra, la de redescubrir España, y deslumbrarnos con intensos colores del otoño navarro. Es especialmente popular La selva de Irati, llamada selva por su enorme extensión. Un bosque en su mayoría poblado por hayas y abetos.

Si bien en EEUU nunca encontré un haya fuera de un jardín botánico, he tenido oportunidad de disfrutar de magníficos bosques en Huesca y Navarra. Una vez visto un hayedo no se olvida. Desde dentro de ve uno rodeado por un ejército de altísimos y delgados troncos vestidos de blanca corteza moteada, como de camuflaje.

Algunos ejemplares que crecen aislados y extienden sus tentáculos sinuosos por todo su alrededor. Los hay tan anchos que haría falta ocho personas para rodearlo. Crecen en zonas de mucha humedad, por lo que su cuerpo suele estar cubierto de musgos y líquenes, confiriéndoles un atractivo especial. Hacia lo alto de su copa, se abren para captar toda la luz posible, creando a su vez pasillos oscuros a sus pies, algo lúgubres. No es de extrañar por todo esto, que el hayedo sea residencia habitual de duendes y hadas del norte.

  

 

Abrazado por el hayedo, se encuentra un embalse donde el cielo se calza la falda otoñal y patina sobre las aguas verdes.

Estando aquí es fácil escurrirse por la frontera y dejarse caer por los hermosos pueblos franceses a media horita de camino. Las carreterrillas vacías, apenas transitadas por pastores con sus cabras, parecen secreto bien guardados, que esconden secretos detrás de cada curva. Los valles siempre nos acompañan, ahondándose con delicadeza en formas redonditas.

De vuelta a Navarra visitamos el Parque Natural de Bertiz. Además de recoger una variedad de árboles de espectaculares árboles de diversas procedencias, el entorno se le hace a uno onírico. Dentro hay sendas oscuras y húmedas flanqueadas por helechos junto a coloristas manatiales y paseos pictóricos que nos envuelven apenas habiendo caminado unos minutos.

Otro de los tantos indispensables de Navarra es el Bosque de Orgi. Reconocido por ser un extenso robledal donde algunos ejemplares cumplen los 200 años. En época de lluvias nos lo encontraremos totalmente encharcado, ya que se trata de un humedal. Pero tanquilos, ese es encanto especial del lugar. Está construido sobre un pasillo elevado de madera que por el cual nos adentramos entre los abuelos robles.

Las estrellas de este robledal son el roble común (Quercus robur) de hoja redondita, y tronco cubierto por musgos, líquenes y sobre todo trepadoras.  Y el roble americano (Quecus rubra). Sí, ese con el que nos hemos fotografiado tanto en EEUU, que viste en sus hojas puntiagudas tonos rojos y escarlata. ¡Aquí en Navarra te hemos encontrado amigo americano!

   

   

Y colorín, roble colorado

este otoño se ha acabado.

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Aquí llegan a su conclusión los 3 cursos como maestros en los EEUU. Para los que se animen a lanzarse a la gran aventura, aquí está el enlace del Programa de Profesores Visitantes en EEUU y Canadá.

Apenas han pasado unos meses desde que tomáramos el vuelo EEUU-España que nos traería de regreso. A la vuelta de la esquina queda un remolino de intensas experiencias que nos han cambiado defintivamente. Se han abierto nuevas ventanas por las que asomarnos. O sencillamente, se ha despertado un mundo de intensas sensaciones. Todo queda guardado en una cajita que ahora se muestra como un valiosísimo aprendizaje.

Además del mapa geográfico,  que transforma el paisaje mental, quedan impresas en la memoria otras huellas, caras, gestos, sonrisas, abrazos, retos y aventuras que aparecen en el camino. Encuentros fugaces en la gran peonza, que parece girar más rápido cuando uno vive en el extranjero.

GIRA “LOS PROFES DEL MAÍZ” 2008/11

New England: Boston, New York, Washington D.C, Maryland

South East: Florida, Louisiana,Tennesee

South West: Arizona

Midwest: Wisconsin, Illinois, Minnesota, Iowa, Missouri, South Dakota, Nebraska, Kansas

West: Montana, Wyoming, Colorado, Utah, California

Islands: Hawaii

Me detengo un momento para mirar atrás…

… me entra un cosquilleo en las tripas.

Pongo la mano en la vía y siento una vibración. 

Un tren se aproxima. Es mi tren.  

Un metálico banjo acelerado, una mandolina rasca que te rasca y el glissando virtuoso de un dobro cantan armoniosamente en el cd del coche. Nos dirigimos a Nashville, Tennessee, la capital mundial del country.

 

Y es que en EEUU no es tan fácil escuchar música country como uno pudiera imaginarse. Porque esos tiparrones con voces de machos y esas rubias lelas que entonan melodías empalagosas y ondean la bandera nacional en la radio a todas horas bajo la etiqueta de “country moderno”, nada tienen que ver con la verdadera música que un día nació en las Montañas Apalaches.

Al llegar al downtown de Nashville nos deslumbran las luces de la calle Broadway y sus numerosos pubs ofreciendo conciertos desde primera hora de la mañana hasta altas horas de la noche sin descanso. ¿Se imaginan lo que es eso? Termina una banda y aparece otra, algunas de ellas muy buenas. Desde reminiscencias de la música tradicional de los Apalaches, al romanticismo del Honky Tonk, increíbles guitarras o el sonido veloz del bluegrass. Todos los estilos pueden escucharse en estos bares de la calle central. Lo más popular, el country pop, que cautiva a la gran audiencia americana. Pero enseguida le echamos el ojo a un par de bares de calidad, Bluegrass Inn y Robert´s, donde disfrutamos de lo lindo con músicos que se dejaban el alma en cada canción.

 

   

Coincidiendo con nuestra semana santa la ciudad de Nashville celebró St. Patrick´s day. Los locales irlandeses se tiñen aún más de verde y sirven, cómo no, cerveza verde. En los bares de la zona este y oeste de la ciudad se celebran fiestas durante todo el día en los que tan pronto se sale de un pub se está entrando en otro. Non-stop guys!  La música en vivo no ha de faltar en ellos.

 

   

A la mañana siguiente nuestros estómagos rugientes nos llevan al Farmer´s market donde hay comidas del mundo, Grecia, India, México… Rica comida a precios populares. Además hay una tienda de comidas del mundo, que nadie con un paladar cosmopolita debiera perderse. Otro de los parques de Nashville se ofrece al esparcimiento de las gentes en torno a una réplica del Partenón ateniense. Una zona muy mona en esta época del año.

  

 

Uno de los reclamos turísticos es  el Paseo de la Fama o Country Hall of Fame. Es un museo, no un paseo de la fama al estilo L.A. Y por cierto, nos desilusionó profundamente. Especialmente porque una institución dedicada al country en Nashville debería ser un templo que honre esta música, y en su lugar este pequeño museo (que se ve en poco mas de una hora) se centra en artistas populares de los 50 y 60.

Ofrece una larga colección de vestidos y objetos personales de estos músicos (como un coche de lujo o televisores), en detrimento de los creadores del country, y los músicos contemporáneos. Apenas menciona a Dolly Parton y qué decir de Bela Fleck, Jerry Douglas, Sam Bush y tantos otros… 

Además el museo dedica la última parte a cantantes como Taylor Swift y otras estrellas del marketing que nada tienen que ver la hermosa música hillbilly.

En la calle nos aguardan músicos callejeros en todas las esquinas. No se puede escapar a la música. ¡Sí!

 

  

THE GRAND OLE OPRY RADIO SHOW.

Para terminar, nos dimos el gustazo de acudir al mítico show radiofónico “The Grand Ole Opry“. Que se emite en todo el país semanalmente y es reconocido por popularizar la música country desde 1925.

En 2010 Nashville sufrió una terrible inundación que sumergió la ciudad bajo el agua. Al ver las imágenes de cómo se encontraba la ciudad se le cae a uno el alma a los pies. Un auténtico desastre. El estudio donde se realizaba el programa se echó a perder y han tenido que crear uno nuevo. Por el programa han desfilado todos los grandes músicos del country, blues, bluegrass… y ya forma parte de la cultura popular. No cabíamos en nosotros de la emoción de poder asistir al gran auditorio, cerquita del escenario que simula ser una granja de la que aparecen estos maravillososo músicos.

  

  

La noche en concreto estuvo dedicada en parte a míticas leyendas del country, ahora octogenarios que, eso sí, siguen cantando y tocando como el tiempo no hubiera pasado.

Habíamos leído que Nashville es una de esas ciudades donde llegan músicos a probar suerte y emprender su particular viaje hacia el mundo de las discográficas y el estrellato. Y tanto es así, que nada más llegar nos cruzamos con un jovencito, guitarra a la espalda y café en mano, que caminaba por el centro mirando los letreros y asomando la cabeza en los bares tímidamente, como pidiendo permiso. Se desvaneció entre la gente cabizbajo, desapareciendo tal vez como tantos otros músicos que prueban fortuna en la gran ciudad y terminan tragados por una industria que pocas veces entiende de música. Ánimo músico, haz tu camino y deslúmbranos con tus mejores acordes.

(A man whistles a sad tune and the scene fades to black)

   

Vecinos del Midwest, en estas horas en que nuestras escuelas y trabajos permanecen sepultados bajo toneladas de la blanca y fría masa de nieve, es momento de hacer del entorno un lugar de recreo.  Everybody let´s roll!

 

  

San Diego, último reducto calusoso en el suroeste del país. Desde Arizona atravesamos el desierto arbustivo de Sonora más un desierto de dunas durante seis horas. Además de un par de controles de policía por medio, de los que imponen. Al estar raspando la frontera con México, los controles aquí son exhaustivos. Una muralla, tipo muro de Berlín, sepasa ambos lados del desierto. Los perros se tiran sobre las pick-up y agentes -latinos- con gafas de sol deciden quién pasa y quién se queda allí. Yo llevo a Silvia, que le da el toque yanqui al asunto. Pero a la vuelta,  en el aeropuerto, nos separon, y a mí me retuvieron para analizar la tela de mi mochila. ¡Por qué no cuidan más su política exterior y nos permiten vivir tranquilamente a los ciudadanos de a pie!

En cualquier caso, tras el desierto aparece de súbito el verdor en las colinas, a ambos lados de la carreta. Tiene uno la sensación de haber dado un salto en el tiempo. ¡Ya estamos en California!

  

San Diego es ciudad portuaria, como San Francisco. Por cierto, también trazada colina arriba, colina abajo. Y sus playas fácilmente recuerdan a las de Los Ángeles.

En el puerto atracan continuamente enormes cruceros llegados de México, de los que descienden cientos de personas con sus equipajes inundando el muelle.

El paseo se engalana con un saxofonista que tiene una mañana inspirada, y un desayuno frente al océano. Ya voy yo entendiendo este romanticismo marinero. Voy a emular a ese de ahí.

San Diego goza de muchas playas agradables, que incluso en diciembre son frecuetadas por decenas de surferos. La gente pasea, hace deporte, baila hula hop, da de comer a las gaviotas, o se tuesta al sol… Sí, sol. ¡Por fin!

  

La ciudad de San Diego está llena de parques, como el Balboa Park donde se encuentra un famoso aquarium, un zoo más famoso (pero no soy muy amigo de los zoos), y muchos pequeños museos entretenidos (botánico, de arte, espacial…).

Nuestro rincón favorito es el barrio alternativo-gay Hill Crest con un montón de restaurantes de todo el mundo y mucho glamour por todos lados. En poco tiempo nos aficionamos a un cine que proyecta películas independientes, de esas que nunca llegan al midwest.

A decir verdad, San Diego tiene tantos rincones interesantes que sorprende a cada momento. Tiene un parque natural en lo alto de la bahía, desde donde se ve toda la ciudad. Tiene paseos marítios que van a dar a playas donde las focas descansan alegremente y se retuercen bajo el sol. El Pueblo es un barrio de sabor mexicano en el que sirven estupenda comida. Allí dimos buena cuenta de las enchiladas y tortillas de chocolate.  Un simpático Little Italy por el que da gusto pasear y visitar las diferentes terracitas a pie de calle.

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San Diego todavía tiene ese sabor colonial, como tantas ciudades del Cantábrico ibérico. Hermosas casas de cal, parques y jardines señoriales, palacetes y fuentes europeas de estilo rococó. Y por supesto, mucho español. Parece ser una ciudad muy consciente de sus orígenes y le gusta narrar la historia de los exploradores y misioneros españoles en cada esquina.

 

En algún local de Tucson de cuyo nombre no quiero acordarme, hacia las 12 de la noche, brindamos con champán por el año que quedó atrás, por el que viene. Brindamos ahora con ustedes por las cosas bonitas. Por el emocionante viaje de la vida. Por ese momento especial que retienen en la memoria algo difuminado, al que llaman felicidad y da sentido a su existencia.  

 

 

LAS ROCKY 5 ESTRELLAS.

Por navidades al Gran Cañón. Esta vez desde Arizona. Por favor, si tienen que elegir un viaje a los EEUU, que sea las Rocosas. Se miren por donde se miren lo tienen todo. Riscos de vértigo, cabras en las alturas, el curso del río Colorado partiendo la tierra en dos. Los buitres y los cuervos. El lince y el coyote. Reinados de pinares, abetos y ardillas comilonas. El infinito y más allá. Caminatas por las entrañas de la tierra.

Ya sea desde Montana, Idaho, Wyoming, Nevada, Colorado, Utah o Arizona. Las Rocky son lo más. Y en Arizona, que es lo que toca en este relato, se camina por el south rim, al que se asoma uno y ve la geografía resquebrajarse. Tan grande que no alcanzan la vista ni la imaginación para calibrar las distancias, el creador de se semejante brecha. Las fisuras frente a las alturas, los picos nevados, la roca muerta y el río de la vida.      

  

Pero no se me queden ahí, qe hay que adentrarse en la ecuación imposible y caminarse el sendero del Bright Angel de varias horas hacia las profundidades y el doble para volver a la superficie. Sí, por favor, interaccionen con el paisaje. Hay que mancharse de rojo barro las botas y chapotear. Echarse a un lado cuando sube un puñado de burros desbocados. Patear los recovecos, hacer el cabra un rato y otear el horizonte. Brincar de roca en roca y sentir que el paisaje te invita montarte tu propia película. Qué escenario.

  

 

El south rim ofrece al espectador asomarse al Gran Salto. Borrachera geológica, inabarcable, imposible, inacabada, irresoluble, indiscreta, intrépida. Indispensable.

SEDONA.

Y para probar las aguas del Colorado hay un par de días de caminata, o bien una visita a las agradables ciudades serranas de Flagstaff o Sedona, a una hora al sur de estas alturas.

 

  

Y esto es todo, en cuanto a la región norte de Arizona. Si desciendes hacia Phoenix, o mejor todavía, Tucson se topa uno con el desierto, llano y extenso… Donde los remolinos de paja se te cruzan continuamente y crujen bajo las ruedas del coche. Donde el calor cae como una plancha sobre la cabeza. Y saludan los cactus erguidos y bonachones, siempre cómicos. Héroes del desierto.

De Tucson nos gustó el aire moderno de la ciudad, los bares de discusión política, la estética alternativa, los carteles contra las leyes de inmigración. Tucson (léase Tusó) es definitivamente el último bastión de espíritu rebelde antes del vasto desierto de Sonora.

THE SAGUARO KINGDOM.

 

   

El desierto de Sonora viene desde México a morir en las faldas de Arizona y California. Y no muy lejos de Tucson, el gobierno ha protegido un área importante donde crece el ya mítico, cactus saguaro. El saguaro tiene un esqueleto interno que sostiene las más de 5 toneladas y 10 metros que puede alcanzar. A los 75 años empieza a desarrollar sus bracitos, que le permiten una mayor capacidad reproductiva, y pueden vivir hasta 200 años.

Visitar el Saguaro National Park en invierno tiene la ventaja de que tienes menos posibilidades de fallecer de una insolación que en verano. Pero lo ideal es en primavera (abril-junio), cuando los cactus florecen de manera espectacular. Brotan pintorescas flores que se abren al anochecer, cuando los murciélagos acuden hambrientos y polinizan los saguaros, llenándose los morros de flor en flor.

  

  

Dentro del parque ofrecen exhibiciones de halcones. Nos contaron que a veces rescatan halcones heridos, y los crian. Entre ellos unos maravillosos Harris Hawk. Otros animales cautivos, y debo decir que en espacios tristemente pequeños, son los búhos elfos, el gato montés, el puma, lobos, jabalíes y coyotes entre otros.

Poco usual es el frío que aconceció en el sureste de EEU este último diciembre. Comenzó con lluvias continuas en California y Arizona, y nos sorprendió con unos copos de nieve para perplejidad de nuestros ojos. ¿En el desierto de Sonora y nevando?  Debe ser que aquí también llega la navidad.

 

 

 By Sil.

                                                                                                                                                                                                                                                                                   

Ir a Boston es como visitar una ciudad europea sin salir de los US. Tiene de todo lo que las ciudades americanas carecen, un centro caminable, multitudes que van y vienen, gente con mil tipos de acentos y vida en la calle.

Además es una ciudad que le da la bienvenida al visitante con un paseo por todos los edificios emblemáticos de la ciudad. Sólo tienes que seguir la línea roja para ir por recovecos que nunca hubieras descubierto ni con mapa en mano. De pronto te ves en una calle de compras con sus aceras anchas y sus fachadas con verjitas British style, como en las estrechas callejuelas de Little Italy, un barrio dedicado a restaurantes y tiendas de ultramarinos de principios de siglo.

La ciudad está lleno de esculturas y sitios honoríficos a los inmigrantes irlandeses, que a principios de siglo fueron llegando a Boston  en condiciones muy precarias y que la ciudad en su día no supo corresponder.

  

Muchos de los rincones de la ciudad tienen un aire muy londinense, sus parques, calles empredradas y little shops. Incluso la universidad de Harvard recuerda a las universidades de Cambridge y Oxford.

  

Como fuimos en Thanksgiving nos propusimos ir a conocer el lugar donde se originaron los US, en Plymouth, a una hora de Boston. Donde en el siglo XXVI desembarcó el May Flower. Fue el primer barco de peregrinos que venían de Europa huyendo de las persecuciones religiosas. Cuenta la leyenda que encontraron a un pueblo indígena que les dio la bienvenida ayudándoles a pasar el primer invierno. Por esto en Estados Unidos se celebra la cena de Thanksgiving en familia, agradeciendo la comida y el cobijo que tuvieron al llegar a este país. Unos dan gracias a dios, otros recuerdan al los nativos americanos y su buena acción.

En Plymouth han reconstruido el poblado de los indios Wampanoag y el de los peregrinos como en el siglo XVI con nativos americanos cuentan al visitante ssus costumbres y manera de vivir.

  

En el poblado de los peregrinos interpretan diferentes personajes, de manera que puedes ir visitándolos a sus casas y charlar con ellos. Viven en cabañas con apenas la luz del fogón o unas velas. Cocinan maíz y otras verduras que cultivan allí mismo, y cuentan al recién llegado sus venturas y desventuras en el nuevo mundo, con un acento británico de época que te deja pasmada. Están tan metidos es su papel, hablando de servir a dios y vivir humildemente, que  te hacen creer que por momento olvidas que estás hablando con actores.  

No dejéis de visitar la marcha bostoniana, el Museum of Fine Arts, el Common Boston Park y su historic trail, el Berklee College of Music o el Albergue juvenil de Boston donde se alberga toda la juventud del lugar.

Y ahora a planear el próximo viaje, mientras espero mi avión.

 

CHICAGO.

Tras nuestro tiempo de esparcimiento por Hawaii, y después las Black Hills y Badlands, y finalmente Yellowstone, nos quedó la coletilla del verano. Es esos últimos días de calor y los ojos todavía llenos de verdor, visitamos uno de mis favoritos, el Jardín Botánico de Chicago.  

 

Tan grande, que siempre se queda uno con la sensación de no haberlo visto entero.  Y del que nos cautivó el jardín japonés, y los pinos amarrados al suelo forzándolos a retorcerse para crecer. El jardín de los sentidos ofrece plantas aromáticas como el curry, que la vi después de decir: Mmmm… ¡Cómo huele a comida india! Los huertos y frutales albergan una gran variedad de verduras, viñedos, ciruelos y tantísmas otras ricas frutas.    

    

  

Con parada obligatoria en el Paperback maple o arce del papel, de hermosa corteza en forma de rollos de papel, proviniente de China e infiltrado a las puertas del jardín japonés.

  

Si le quitas el sonido y gradúas la luz, Chicago transcurre en blanco y negro. Calles enormes, espacios abiertos, escenarios de película.  

  

Chicago, a la que hemos bautizado como nuestro segundo hogar, se muestra siempre generosa con el forastero. La primera semana de septiembre se celebra el Festival de Blues, y aquello, en camiseta, soleado y múltiples conciertos gratuitos al aire libre… Es una invitación al disfrute por la puerta grande.  

 

Que también se torna blue. Los pentagramas, las notas, lo tiñen todo de azul.

  

MILWAUKEE.

Hacia octubre, un mes después, nos tomamos unos días libres para disfrutar del esplendor del otoño en los estados del norte. En este caso, Milwaukee, Wisconsin. Allí el verde es más rojo y anaranjado que en ningún otro lugar por estas fechas. Pateamos el downtown, y estiramos piernas a la vera del río que secciona la ciudad.

 

Mientras aguardábamos al momento nocturno caminamos por los inmensos paruqes de Milwaukee y visitamos el Museo de Arte, que bien merece la pena. Aunque pequeño, es original y guarda algunas joyas en la manga. Acabamos agotados. Y caí una vez más desplomándome a la sombra de un sauce llorón. ¡Un respiro, que no puedo más!

 

Por fin, por la noche acudimos al motivo principal de nuestra visita, el concierto de Muse, que tanto le gusta a Silvia. Salimos encantados de un concierto que dio mucha caña y alternó con alguna de las delicadas piezas de piano tan pegadizas.

   

IOWA.

Para disfrutar del hermoso otoño en el Midwest, hay que irse al campo. Y en Iowa tenemos atractivos lugares como Palisades-Kepler Park, donde el otoño se extiende cómodamente por las ramas de robles, arces, fresnos y álamos, además de otros tantos arbustos.

 

  

HOUSE ON THE ROCK. (WISCONSIN)

Uno de los templos más curiosos que existen erigido a la excentricidad, está en Wisconsin. La obra arquitectónica es sobrecogedora, pues literalmente es una house on the rock, construida en la montaña, formando ésta, parte de la propia casa. Allí vivió el pasado siglo un excéntrico millonario que sin haber salido nunca de su hogar, se trajo desde obras de arte del lejano oriente, hasta enormes casas de muñecas barrocas, colecciones de juguetes antiguos e incluso chatarra de medio mundo. La casa.museo es un compendio de objetos preciosos, horteras, extraños, y a menudo reunidos con muy mal gusto. Todo tiene aire setentero y polvoriento. También destacan las orquestas de robots. El propietario de esta mansión se reunió con un ingeniero para que hiciera que instrumentos reales fueran ejecutados por máquinas. Y funcionó. Metes unas monedas, como en una feria, y las máquinas empiezan a tocar los instrumentos. Hay pianos que tocan solos o conjuntos de cámara por todas partes. Y tú allí, en ese lugar tan grande y singular no puedes creer que aquello sea real.

 

   

Y si alguna vez van por allá no dejen pasar la oportunidad de visitar las creaciones arquitectónicas de Frank Lloyd Wright. Eligió un entorno precioso para construirse allí su casa.

IOWA TREES.

Con la llegada del otoño no podía evitar llevar a mis a alumnos de excursión a un arboretum, cerca del Mississippi, para disfrutar del cambio de colores y aprender mucho más sobre los árboles de esta zona. Por segundo año me concedieron una beca de $500 para un proyecto en torno a los árboles yel medioambiente. Qué bien lo pasamos con la ayuda del Muscatine Conservation Board, que preparó unas actividades fantásticas.  

  

HALLOWEEN.

Para Halloween nos fuimos al súper e improvisamos. Paula y Estrella se encargaron de dar forma al disfraz final. Nos hicimos con unas pelucas moradas, unos tutús, collares y gafas de sol, y se nos ocurrió que podríamos ir de la movida madrileña de los ochenta. Nadie en Iowa City lo entendió, pero eso sí, todos nos decían: I love your hair!

  

¡Hey! Que son 2 años ya en los States.  Aquí los celebramos con vosotros. Curiosamente, la mayoría de vosotros maestros, como nosotros. Y para educar, que no es sino compartir la emoción por vivir, hace falta viajar, experiementar, sentir, crecer. Y allá donde viajamos os llevamos en el bolsillo de nuestro corazón. Ése es nuestro gran secreto. 

 

GIRA “LOS PROFES DEL MAÍZ” 2008/10

New England

1. New York

2. Washington D.C (Sin ser estado, no es por ello menos importante)

3. Maryland

Southern

4. Florida

5. Louisiana

Midwest

6. Wisconsin

7. Illinois

8. Minnesota

9. Iowa

10. Missouri

11. South Dakota

12. Nebraska

13. Kansas

West

14. Montana

15. Wyoming

16. Colorado

17. Utah

18. California

Islands

19. Hawaii

Y hablar de EEUU sin contar con su gente, es como hablar de un restaurante sin mencionar su comida. Aquí hemos comido bien, para ser dos vegetarianos en el país del bistec, nunca nos faltaron alternativas. Eso sí, mucha mantequilla de cacahuete, pasta, pizza y frijoles.

A lo que iba, los americanos son todavía un tanto peregrinos. Creyentes, amables en extremo, respetuosos, atentos, muy cívicos y con una gran conciencia social -salvo en la sanidad. Así que te harán sentir como el rey/reina de la casa, les encanta ayudar. Son además asertivos y dicen lo que piensan con pasmosa facilidad. Los reyes del speech. Son en el trato informales, sin perder la educación. Van al grano con decisión. Todos tienen su turno de palabra. No hay mofa ni ensañamiento con un comentario fuera de lugar porque, quién sabe, tal vez pueda funcionar. Se escucha desde la honestidad.

Son sinceros y gustan de cumplir con su palabra. Si te halagan no hay segundas intenciones, de veras les has gustado. Además lanzan cumplidos al desconocido sin complejo alguno. ¿He dicho complejos? No conocen el ridículo al vestir, pues cada uno es libre de tener su estilo o simplemente no tenerlo. La gente no se te va a quedar mirando.

EEUU es el país fácil, te explicarán las cosas cuantas veces haga falta, tendrás planos sencillos, te acompañarán de la mano. Los carteles de las calles -enormes- te guiarán en tu camino. Se puede acceder al Gran Cañón del Colorado por una pasalera donde ancianos y niños no sudan una sola gota. Los exámenes en primaria y secundaria, con apuntes. Se quiere aprobar al alumno. Los exámenes de la Uni, preguntas sencillas, directas, sin trampa ni dobles sentidos. ¿Cómo lo ves? El carné de conducir apenas requiere manual, y se aprueba sí o sí. Presentarte todas las veces que quieras es gratis. Quieren que te lo saques.   

Es el país light. La coca cola es más light que en España, la cerveza sabe a agua, el café más de lo mismo.

Es el país práctico, la comida es rápida (¿Esto es algo positivo?). Se mueven todos a una, y la experiencia nos dice que les funciona. Son muy legales y acatan la ley sin protestar. La unidad es más fuerte que la crítica, y eso los ha hecho fuertes. No se bebe alcohol en la calle, y se ha dejado de fumar. Con frecuencia te pedirán el DNI si pides un vino o una cerveza, ya seas calvo y con bastón.

Los americanos aman su trabajo. Trabajan sin protestar, pero lejos de dejarse la piel en el tajo, se ciñen al objeto de su obra y resuelven con eficiencia y practicidad. Apenas tienen vacaciones, así que se lo toman con tranquilidad, sin perder la sonrisa y dan siempre de más.

EEUU es el país de los niños. Todo gira en torno a los niños. Los restaurantes, los museos, los parques naturales. Es ideal para los retoños. El americano medio tiene sus hijos a los 22 y a ello entrega su juventud. Nada de salir de fiesta o tener colegas. La familia es el pilar de la sociedad, que aquí hay mucha tierra y hay que llenarla. A los 40 los hijos se independizan y muchos padres comienzan a volar. ¿Pues no hay cientos de jubilados que cambian su casa por una caravana y se dedicar a recorrer el país? Señores de 60 y 70 tacos que ruedan su Harley por la Ruta 66. Por eso luego uno dice: ¿Qué marcha tiene aquí el personal? Y es que los mayores sacrificaron su juventud, y es después que se calzan las zapatillas de bailar.

EEUU es el país XXL. ¿Cuántos ciudadanos han alcanzado el sobrepeso? Éste es su pecado capital: la gula. El americano come dulces a todas horas, desde que nace hasta el geriátrico. ¡Hay dulces para todos oiga! Caramelos, chucherías, chocolates, M&Ms, bebidas azucaradas con altas dosis de cafeína. Les pierde el azúcar. Cocinar, por cierto, no se cocina, pues sale más más barato comer fuera de casa. Eso sí, qué ricos pasteles saben hornear.

Y ahí donde los ves, país consumidor con más deshechos del planeta, les encanta reciclar. Sus propios muebles, su ajuar, todo se compra y se vende en los garage sales.  Tenderetes a bajo precio donde encuentras una tele o un sofá por unos cuantos bucks.  Nada se tira a la basura. Todo se vende y se vuelve a usar.

Pero además es grande el país. Los americanos no conocen el atasco. Las carreteras son XXL, los aparcamientos son XXL. Todavía recuerdo aquella vez que tuve que maniobar para aparacar. No existe el concepto densidad de población. Sí, ésta es la razón tal vez de tanta amabilidad. Hay más recursos que personas. Así de gusto ¿verdad? Te rellenan las cocacolas al segundo sorbo ¿Desea más? Los platos son XXL. Aquí nadie se queda con hambre. Los vasos, los asientos del cine, las casas, las camas… XXL!

¿Pero estás hablando de los americanos del este o del oeste? ¿Los de aquí o los de allá?

Después de haber caminado las dos costas, el Midwest, norte, sur y alguna que otra isla, no deja de sorprenderme semejante homogeneidad. Los diner, restaurantes clásicos americanos, igual aquí que allá, el servicio en general es igual, los comercios, las formas. Para lo bueno y lo malo, EEUU es pasmosamente homogéneo en su extensión. Los parques naturales de Hawaii y los de Nueva York, siguen la misma disposición. Y todo esto, por supuesto, facilita en extremo los desplazamientos, sintiéndote siempre “como en casa”, cualquiera que sea tu estado de partida.

Y en todo lo dicho y expresado -ya lo sé- hay muchas pegas más, las hay. Pero no me tomen al pie de la letra, que hay de todo en la viña del Señor, y a mí me gusta hablar siempre en positivo y sacarle partido al asunto. Es un piropo al yanki desconocido, del que no habla en la tele y da gusto tener por amigo. Si todavía no has tenido tu experiencia americana, verás que te va a enganchar.

Sólo tengo palabras de gratitud. Nos sentimos afortunados de poder compartir este momento con quienes más queremos.

Patricio.

¡Eh! No me miren así, que yo no le puse el nombre al parque. Cuentan que un explorador francés pudo haber sido, en honor a las icónicas cumbres que dominan la región.

Una semana y un día le dedicamos a Yellowstone, el último para visitar Grand Teton, un parque natural situado al sur de Yellowstone.  Los pasatiempos favoritos aquí son practicar rafting en el Snake River, escalar el Grand Teton, o navegar el Jenny Lake a lo que, por cierto, nos apuntamos.

Azul. Profundamente azul, la cordillera Teton nace a orillas del majestuoso Jackson Lake, donde la luz se desvanece e impregna una vez más de azul.

Aquí la piel terrestre, envejecida y en continua renovación, se estiró y provocó una falla. El bloque del oeste se elevó sobre el bloque del este dando origen a la condillera Teton, la más joven de Las Rocosas. En la que destaca su pico más alto, a 4000 m.  A mí las cimas se me hace churretes de playa, o merengue encrespado. Sí, yo cambiaría el Gran Tetón por el Gran Pastel.

 

  

Como todo parque cuenta con cientos de senderos por los que pasear. Uno de los más populares rodea el Jenny Lake, donde nos dimos un chapuzón helado en sus aguas claras, cristalinas como de una piscina. Al caer la tarde nos metimos en un bote mientras un tipo nos daba lecciones de geología, flora y fauna del lugar, señalando aquí y allá; amenizado con historias de personas que estuvieron a punto de ser devoradas por los grizzly, a lo que el publico se llevaba la mano a la boca: Oh my gosh!  

  

Nubes de Montana.

Tras el Grand Teton regremos a casa rumbo al norte, a través de Montana. Y allí fue donde nos enamoramos del cielo y las nubes. Para uno de Iowa, el horizonte es un ente infiniiiiiiito. Pero cuando llegas a Montana, resulta que ese infinito no era sino el primer peldaño del horizonte. Tan ancho y tan azul, que en él se puede advertir lo que está pasando en pueblo a muchas millas de allí. Desde el coche atisbamos tormentas al este, al tiempo que lucía el sol por el oeste, y una tormenta descargaba por el sur.

En Montana las nubes se deshacen en matices azules y purpúreos, amarillo-anaranjados, gris turbio y azulado. Cirros, cúmulos, cumulonimbos y estratos que tiñen el cielo para nuestra perplejidad.

  

 Adiós nubes de Montana, cielo maravilloso, luces de bohemia, cúpula extraceleste. Adiós Rocosas, vientos furiosos, nubes sedosas, de caramelo, de terciopelo, vaporosas… El viaje queda en mi retrovisor.

 

 

 

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